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Pasaje Soria 5125. Buenos Aires. [mapa]
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Lun a Vie de 13 a 19 hs. Sáb cita previa

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Un punto con horizonte

Norma Catán Bruno Krauchik Gustavo Navas

Del 16 de Junio al 31 de Julio de 2010  - Entrada: libre y gratuita

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Inaugura miércoles 16 a las 19 hs.
Texto de Daniel Trama -Buenos Aires, junio de 2010 / Y AL FINAL DEL HORIZONTE, UN PUNTO. “¿Hemos de decir que el conocimiento de que existen los objetos se produce muy pronto o muy tarde?” Ludwig Wittgenstein, Sobre la certeza Tres artistas se reúnen para compartir sus sistemas de creencias. Persiguen la pureza de una idea, la intensidad de un deseo, un rastro accidental o tal vez un color. Buscan internarse en los intersticios del diálogo, desplegando la sumatoria de sus potencias creativas, para prolongar el alcance de sus miradas. Intuyen que estas acciones harán transcurrir el tiempo de otra manera o materializar el espacio bajo otras leyes. Se desplazan como cazadores en un terreno que ellos mismos van instalando en el desarrollo no-desarrollado y la forma no formada. Quimera, ilusión, divagación o ficción, reclamaría el querido Witold Gombrowicz. Avanzan solos, otras veces al unísono o también en dupla, según la ocasión lo requiera, ensamblando hipótesis de trabajo y derramando los excedentes formales en el plano y el espacio. Norma elabora su plan: el rescate de los desechos urbanos momificados en el circuito de consumo de la gran ciudad. En “Línea Viva”, una instalación de pared a partir de recortes concatenados de la revista, la imagen de un árbol trepa y se ramifica en el interior de la arquitectura de la sala. Una idea tan irreverente como bella: el trazo de la línea que nunca termina y se reproduce celularmente. También la geometría trasmuta a color girando como un mandala sobre el círculo de su soporte y emulando el sistema circulatorio de la urbe. En la serie “Topografías”, las etiquetas de código de barras, que administran los movimientos de los bienes de consumo, determinan el derrotero de una vibrante línea, guiño óptico mediante, confinada en el mundo representacional del papel. Se trata de generar nuevas relaciones afectivas entre los materiales a través de los procesos de la abstracción visual, alterando y vivificando ecológicamente un trazo, un espacio, un recorrido o una rama. Gustavo espera paciente frente una copa rota o una lámpara que se quiebra por accidente contra el piso. Contempla, como un arquero zen delante de su objetivo, los fragmentos esparcidos y encuentra una nueva apariencia que ahora es obra. La mano del pintor reproduce a color la costa serpenteante de sus cantos. Esta línea incidental, que convierte el espacio cotidiano en plano pintado, democratiza la noción de tiempo y espacio, fijando un momento y disolviendo las referencias cartesianas. Asistimos a un evento en el cual un objeto fue diseminado y encarnó en pintura para luego convertirse en una relectura monocroma de intensidades geométricas sobre un trabajo de Henri Matisse. En “Los colores de Cézanne”, Gustavo sintetiza la pintura de una naturaleza muerta mediante una línea que absorbe y traduce las energías circundantes del color. En este procedimiento de exploración fronteriza, se replica en un grado más el sistema de representación cezanniano, que convierte un objeto real en uno pictórico, a través de la abstracción geométrica. El artista nos alerta acerca de los límites difusos y convenciones que rodean a los objetos reales y representados, cuestionando al mismo tiempo su existencia. Bruno reduce geométricamente la línea a su antojo, simulando un horizonte euclidiano. Efectivamente restituye la experiencia humana del espacio en busca de un nuevo axioma del punto puro. Un punto que niega el plano e invade la tridimensión. Un punto que genera complejidad en lugar de síntesis y que finalmente desafía nuestra imaginación. El grafismo adiestrado sobre el papel del dibujante crea nuevas relaciones entre los objetos reales introduciendo tempos y coloraturas en el campo visual de la abstracción como si se tratara de una pieza musical diseñada por los caprichos meteorológicos de la naturaleza. La forma se agita, es succionada y hasta se desgarra. Avanza y retrocede, registrando movimientos de composición y descomposición. Bruno define, trazo tras trazo, una geometría del acontecimiento a través de la genealogía punto-círculo-esfera. La frontera de estos elementos acaso precipita en la materialización espacial de la esfera, símbolo que expresa la totalidad y custodia las formas restantes. La instalación “Un horizonte” adiciona texto y luz, lenguaje y sentidos, concentrando un aspecto esencial de la exhibición a través de un juego de relaciones formales: el punto iluminado que construye la línea en un piso segmentado, se proyecta como esfera que ha sido rota de la sombra hacia la luz. Y luego se transforma en texto hacia donde nuestra mirada logra perderse: “un horizonte”. Un juego de equivalencias y cambios nos define una versión posible de las cosas que nos rodean en este mundo. Al final del horizonte, los artistas encuentran el destino que alcanza el punto. Esto ocurre en un instante, antes o después, aún no lo sabemos.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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