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Tres fronteras. Observando de cerca

Tres fronteras. Observando de cerca

Zulema Maza

Del 26 de Junio al 03 de Agosto de 2014 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

 
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Sala J.

Nadia tenía doce años cuando llegó de Paraguay acompañada de su madre y su hermano. Esteffany es peruana y vino a estudiar a la Argentina, extraña a su hermano pero le gusta vivir aquí, donde puede tomar estudios universitarios y tener más oportunidades que en su patria. Los bisabuelos de Delfina  llegaron de Génova y se radicaron en Misiones donde se dedicaron a la forestación, las épocas de bonanza se alternaron con las de miserias, pero quedaron en la memoria los cuentos de la selva, y los ruidos de los saltos de agua.

 

Zulema Maza enhebra estas tres historias de vida en una narrativa fotográfica que llama Tres fronteras. Desde una visión femenina la artista llega al arquetipo de tres jóvenes inmigrantes (aunque una de ellas de tercera generación) y se pregunta por la identidad. Ellas son parte fundamental del continente americano, latinoamericano más específicamente, y particularmente de un país que se ha definido históricamente como “crisol de razas”. No importan las variantes económicas, de la inestabilidad política y conflictos sociales, miles de inmigrantes siguen llegando a este, el paraíso ausente. ¿Pero cómo sucede esta integración?

 

Cada una viene con su genealogía, su contexto familiar, su cultura, su raza, arrastra su pasado y convoca su porvenir. Esa situación compleja es resuelta por Zulema mediante un dispositivo eficaz, cada una de las muchachas es retratada con un atributo: una corona, un velo, un pájaro, un abanico, un manto y otros tantos elementos. Con este procedimiento simple, y reduciendo al límite la paleta de colores ejerce una transformación profunda, ellas dejan de ser simples mortales para acercarse a mujeres de otra dimensión, casi sagradas. Recordemos que en la iconografía cristiana los santos se identifican son elementos específicos, llamados precisamente atributos, si bien se refieren a los martirios, en el caso de las chicas de Zulema no hay dolor sino felicidad y proyección a un futuro venturoso.

 

Nuestra artista hace foco sobre el tema de la identidad, en sus fotos hay libros con textos de poesía y prosa quechua y guaraní, lenguas originarias y olvidadas, muchas veces despreciadas hasta por sus propios dueños, de la mano de Zulema ahora están enaltecidas en un libro que parece un trono donde descansan y gobiernan.

 

Las tres lenguas funcionan como una metonimia, la parte por el todo, pues recuerdan otras tantísimas lenguas y dialectos vernáculos, muchas veces obliterados por el conquistador de cualquier época. ¡Qué sueño clarificador tener una biblioteca repleta de esta sabiduría ancestral! También aparecen barcos en las fotos, como diagramas fantasmales que recuerdan a las embarcaciones que trajeron de otras tierras a familias enteras o mutiladas, inspiradas o devastadas, a este nuestro país. Ellos, los extranjeros, hoy somos nosotros, los argentinos.

 

¿Y qué pasará con la generaciones venideras de los hijos de Nadia y Esteffany?, ¿También serán considerados “argentinos”? En esta serie, hay una pregunta sobre la construcción de la identidad, y a la vez se la plantea como una condición en constante transformación y enriquecimiento. Si bien se parte de individuos específicos y definidos (por más que estén ficcionalizados) hay una enorme proyección a los arquetipos femeninos. 

 

La mujer se eleva, o se desdobla y sobre todo se ornamenta, una y otra vez, con una máscara o con un abanico, ambos son como ropajes que sirven para ocultar lo visible y descubrir aspectos invisibles. Cada una de las chicas es una Venus, en el sentido antropológico del término, es decir la encarnación del eterno femenino, aún con el lenguaje contemporáneo que las construye, siguen remitiendo a la Venus de Laussel, con un cuerno en la mano, o a la de Willendorf son su tocado de siete círculos concéntricos, como así también a Virgen y sus atributos: el libro que lee cuando llega el arcángel Gabriel, el manto que protege a sus fieles, la corona, su trono, la serpiente que aplasta con su pie y otros tantos.

 

Nadia, Eteffany y Delfina se transforman con su anteojos, velos, tules, máscaras y mantos, dejan de ser cotidianas para elevarse a un dominio trascendente. Si Gustave Flaubert dijo Madame Bovary c´est moi, Zulema podría decir que ella es la síntesis de Nuria, Esteffany y Delfina, tres doncellas americanas, jóvenes, seductoras, reales e irreales a la vez. La identidad que explora nuestra artista se nutre con datos biográficos e individuales, y también con los del Eterno Femenino.

 

Julio Sánchez
 

TEXTO DEL ARTISTA

 

La exposición Tres Fronteras -observando de cerca-  continua mi muestra de 2012  titulada “Tomasa entre dos fronteras” en la cual presento una serie de fotografías intervenidas de Tomasa, una joven paraguaya que emigra a la Argentina en busca de oportunidades laborales mejor remuneradas, dejando su familia en el Paraguay

 

Así como el artista Christian Boltanski, Francia 1944, se ocupó del tema de la inmigración europea en la argentina en su reciente muestra Migrantes, 2012, en el Hotel de Inmigrantes, esta exhibición apunta a una reflexión sobre la inmigración de los países latinoamericanos, Perú y Paraguay en particular en la Argentina, la más contemporánea en cuanto a movilización de ciudadanos habitantes de América Latina junto a la Boliviana.

 

Las protagonistas de este nuevo relato son tres jóvenes mujeres. Nadia de Paraguay, Esteffany de Perú y Delfina de Argentina.
Nadia de nacionalidad paraguaya, llega a los 12 años a la Argentina con su madre y su hermano menor, dejando en el Paraguay el resto de su familia. Su madre ya hacía cinco años que había venido a trabajar, dejándola al cuidado de su abuela y sus hermanos mayores, junto a su pequeño hermano. Nadia  estudia en un colegio en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires y se ocupa de su hermano menor cuando su madre sale a trabajar Recuerda su Paraguay lejano, a los hermanos que quedaron allá y a su abuela querida. Viajo una vez a visitarlos y ellos también vinieron para sus 15 años.

 

Esteffany es  de nacionalidad Peruana, está  feliz de haber venido a la Argentina. Aquí se vive mejor cuenta, es más lindo. Está estudiando mucho, quiere empezar la universidad. Allá en el Perú quedo su hermano querido. Es muy lindo  dice, mi hermano es muy lindo. Tiene más hermanos que adora. Pero acá me gusta más. No sabe porque, pero dice que hay más oportunidades. Es alegre, diáfana, responsable de su vida y muy afectuosa con su familia. Como mi mama no hay ninguna. Es muy buena. Ella hizo mucho por mí y mis hermanos, nos cuido y educo muy bien, me cuenta.

 

Delfina de nacionalidad Argentina es descendiente de italianos, sus bisabuelos vinieron de Italia, de Génova. Hicieron aquí una buena posición. Argentina era en ese entonces un país de promesas. Su bisabuelo, se radico en Misiones, tuvo plantación de pinos y aserraderos. Su abuela le contó largas historias de la selva, del yaguareté, del Mato Grosso, de las jangadas que venían al puerto de Buenos Aires cargadas de madera. Todo se lo llevo el Rodrigazo. Las talas indiscriminadas que vinieron después, dejaron  todo desbastado. Una destruida chimenea rodeada de maleza,  que su abuela la llevo a visitar hace dos años queda como único testigo. Los pinos han desaparecido. Garuhape, Garuhapemi, son nombres que suenan en sus oidos, el ruido de la selva, los saltos de agua repiquetean en su espíritu. Ella cuenta esa historia como algo muy lejano y muy cercano a la vez. Europa y la selva están en su ADN. Su familia se recuperó de numerosas crisis, algunos familiares emigraron en busca de mejoras laborales. Ella los visita poco. Vive en un barrio cercano al río.

 

Nadia, Esteffany y Delfina
Tres representantes de nuestro tiempo, sin duda.
Ellas están aquí, para mostrarse y mostrarnos que la vida circula más allá de las fronteras.

 

Son historias de jóvenes mujeres que saben que esta tierra  les es familiar y extraña, que en otro lugar  quedo una parte de sus vidas.
Una red invisible las une y acompaña.

 

Aquí llegaron con su dignidad a flor de piel, comunicándose en lenguas milenarias que aprendieron de niñas y que no olvidaron. Quechua, Aymará, Guaraní como Esteffany y Nadia… y Delfina,  la descendiente de europeos que aprendió el guaraní por su bisabuelo misionero.
Reinas con coronas de cotillón, de piedras preciosas, de vírgenes coloniales, de mantos hacia dentro y hacia afuera, de camisones bordados sacados de los baúles, con velos y tules que las envuelven.
Jóvenes de  rostros extraños y realidades diversas.

 

Ellas exhiben una interioridad hermética  y perturbadora, mezcla de etnias diversas, las originarias de América y  las que vinieron por el mar desde Europa. Todas luchan por encontrar su lugar y su identidad, una identidad fragmentada, muchas veces dolorosa en su desigualdad y aislamiento. Emergentes de historias pasadas, de guerras sangrientas, de luchas de emancipación que aún no han concluido y de frágiles circunstancias económicas.

 

América misteriosa,
desconocida, conocida
descubierta y encubierta
desbastada, usurpada.
América paupérrima y rica
del tercer mundo y del primer mundo.
inteligente y creativa
soberana?
América europea e indígena
negra, blanca, mestiza, multiracial.
América del Norte
América Central
América del Sur

 

Pero que tienes que ver estas tres jóvenes que se nos presentan con sus miradas interrogadoras, bellas y jóvenes.
Cada una es un lugar. También un no lugar.
Es su origen el que las distingue y las une.

 

Hablamos de nuestros antepasados europeos con orgullo, y nos cuesta reconocer nuestras raíces latinoamericanas, a veces indígenas. Es necesario trabajar en la integración de las capas culturales y sociales de la argentina, para hacer un país con un proyecto común
Cuál es nuestra identidad?  Este es tema de largos debates y reflexiones.
A través del arte y de modo metafórico comprendemos el mundo y la realidad.

 

El filósofo Dillthey decía que gracias al arte, podemos imaginar otros "mundos posibles" otros modos posibles de habitar el mundo.  Ese es el carácter de "extra - ordinario". Y también cuestionarnos el mundo que habitamos, porque también el arte nos permite tomar distancia, cuestionar.
El descubrimiento del Yo es posible únicamente a través del descubrimiento del Otro, y más aún, a través del desciframiento de los vínculos entre uno y otro: del Nosotros

 

                                                                                                                Zulema Maza 2014
 

 
 

Observando de cerca

 

Si se quiere realizar un diagnóstico práctico– teórico, sobre una observación artística alimentada por la práctica etnológica (estructural) de tres variedades étnicas de América Latina (Perú, Paraguay, Argentina), es necesario disipar el mito “sobre los orígenes de las cosas según lo que ocurre a su alrededor”.

 

Lo manifestado por la artista Zulema Maza en la instalación de los años 90, “Un lugar donde estar, un lugar donde ir” -Fundación Banco Patricios- quiere significar que algunos problemas emergentes durante el lapsus transcurrido, la preocupan en el sentido de que existe una continuidad entre uno y otro episodio dicro-sincrónico.

 

En forma estratégica consagró su tiempo disponible para la investigación de los avances y retrocesos rápidos entre los grandes temas – parentesco, organización social, mitología, ritual, ARTE que hasta ese momento había retenido su atención. De ello resulta que la presente exposición manifiestamente impregnada por la fotografía, adquiera el aire de una documentación etnológica o de una introducción a una etnología fotográfica, cuyos raptos episódicos están representados en diversos circuitos que se entrelazan

 

Se podría entonces subrayar ese carácter otorgándole a la presentación el título aparte “Observando de cerca” elegido de manera que su entender y mi punto de vista, sean la esencia y la originalidad etnológica, ilustrada por las enormes fotografías y otros repertorios fotográficos instalados, referidos a observaciones cercanas que no corren el peligro de variar.

 

Hay que señalar de manera evidente que en el texto se trata de interpretar lo que sucede en las paredes de la sala, que se dirige universalmente por la fotografía, a resaltar la relación por las que  las ciencias humanas deudoras de la lingüística estructural: saber que para comprender la naturaleza de los lazos sociales no se deben colocar primero los objetos y luego tratar de establecer sus interconexiones. Dicho de otro modo, en la red de relaciones sociales los nudos tienen una prioridad lógica sobre las líneas, mientras que en el plano empírico éstas engendran los nudos al cruzarse - aumentando su eficacia topológica -. De algún modo, la presentación prescribe coherentemente la lucha contra la discriminación.

 

El enfoque diacrónico de las diferencias, es soslayado por la evidencia de las imágenes; los tres ejemplos Esteffany (Perú), Nadia (Paraguay) Delfina (Argentina), resguardados en la pöesis del “aire y los sueños” bachellardiana que apunta a no repetir tanto artísticamente como antropológicamente, que para disipar los prejuicios étnicos no era suficiente con repetir los mismos argumentos contra la antigua antropología física, su medición del esqueleto, sus gradaciones del color de la piel, de los ojos, y de los cabellos…

 

Si la lucha contra las diferencias presupone hoy en día un diálogo amplio y abierto con la genética de los pueblos se deberá solamente a que los genetistas saben mucho mejor que nosotros demostrar la incapacidad de hecho o de derecho para determinar, en el hombre, la parte innata y la adquirida…

 

Sin embargo, al plantearse la pregunta desde el arte a los términos científicos y menos filosóficos, las respuestas, aún las negativas, que se le dé, pierden su carácter de dogma.
Entre el etnólogo y el antropólogo, el debate sobre las diferencias se desarrollaba hasta hace poco en un callejón sin salida; reconocer que los genetistas han hecho circular una corriente de aire fresco le vale a la artista y en su comprobación fotográfica introducir el puente en el rebaño.

 

Ahora bien, que significa que una artista de amplio recorrido en el grabado, dibujo, pintura, video, instalaciones, en apariencia elementos en que se establecen diferencias, ceda su lugar a una práctica absolutamente presentativa (la fotografía y el video), que une todos esos aspectos formativos en la consideración etnológica.

 

Las investigaciones etnológicas aportan una enseñanza que es receptada por el artista moderno, las sociedades a menudo descriptas sometidas al imperio de la tradición y cuya máxima ambición sería permanecer tal como los dioses o los ancestros los crearon en el comienzo de los tiempos, deben ofrecer al ámbito del investigador un abundamiento prodigioso de costumbres, creencias y formas de arte que testimonien las capacidades de creatividad inagotables del espíritu humano.

 

Para terminar un concepto expresado por el fundador de la “antropología estructural” Levy-Strauss, nada puede disipar mejor, sin duda, la ilusión contemporánea,  de que la libertad no soporta trabas y que la educación, la vida social, el Arte, requieren para expandirse un acto de fe en la omnipotencia de la espontaneidad: ilusión que no es ciertamente la causa de la crisis actual de Occidente, pero en la cual se puede ver un aspecto significativo de ella.

 

Carlos Espartaco

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus