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Nuestra América. La esperanza

Nuestra América. La esperanza

Marina Dogliotti

Del 16 de Agosto al 14 de Octubre de 2012 

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De la mano de las vírgenes americanas recorremos la constitución del espíritu y la identidad de América.

 

Son estas imágenes y sus ornamentos las que apuntalan  nuestra imaginación y  permiten descubrir, desde ellas, poniendo en marcha nuestra emotividad de americanos, un mundo de significaciones que estaban veladas a nuestra conciencia.
El hecho estético, el diálogo que establecemos con las obras, nos desnuda, nos revuelve, nos inunda, nos invita al diálogo y fundamentalmente nos transforma enriqueciéndonos. No soy la misma americana que aquella que se asomara a las obras de Marina Dogliotti por primera vez. Hemos discutido, hemos cotejado sentimientos, he observado el dolor y el desasosiego en su realización, preguntándome  una y otra vez sobre el descubrimiento que  cada  uno  de  nosotros  debe  realizar  en  sí mismo, para  reconocer  la singularidad latinoamericana.

 

Ser de estas latitudes requiere un trabajo, una construcción, una larga cabellera de entramados lazos creativos e identificantes.

 

Desde la violencia original del descubrimiento  han pasado 500 años, y recién ahora los americanos, en diálogo fecundo, reconocemos que hay algo importante que celebrar “algo que en medio de nuestras  desgracias permaneció  en pie: nuestra  herencia  cultural. Lo que hemos creado con la mayor alegría, la mayor gravedad y el riesgo mayor.

La cultura que hemos sido capaces de entregar durante los pasados 500 años como descendientes de indios, europeos y negros en el Nuevo Mundo”, dice Carlos Fuentes en“El espejo enterrado”. Al mencionar la violencia original implicamos no sólo la violencia guerrera hispana, sino el menoscabo y la devastación de nuestra singularidad.

 

El por qué de las vírgenes es vasto en significaciones. Sus figuras simbolizan la madre sufriente y compasiva pero también representan la espiritualidad de lo vital, la sublimación y la mística que de ellas se desprenden. Las “Vírgenes de America” nos señalan el encuentro con la cultura europea, así como el despegue hacia el mundo propio de Hispanoamérica, por la sensualidad de los ornamentos.

 

El por qué de las vírgenes, en síntesis es la expresión del sincretismo cultural y religioso cristiano y pagano y el sostén en figura de lo paradojal de Latinoamérica: todo aquello que debió morir (esplendor del mundo indígena) para que nosotros naciéramos. De allí que muerte, creación, dolor, pasión, razón y magia nos representan  y nos conducen a un renacimiento perenne.

 

En este extenso recorrido de imágenes emotivas hemos comprendido lo personal y lo que nos trasciende. No es casual que muchos latinoamericanos en esta ocasión formemos red y lazo para pensar pensándonos, desde la historia de “nuestra cultura” y de nuestra vida. Carlos Fuentes cita a Séneca, el estoico de Córdoba quien explica que en tiempos difíciles, cuando todo alrededor de nosotros parece derrumbarse, no tenemos más recurso que nuestra vida interior.

Y la interioridad debe reunir todos los valores del alma estoica: la libertad y la pasión, la naturaleza y la muerte, pero aceptándolas de una manera consciente, como realidades y no como fatalidades trágicamente padecidas.

 

En respuesta  a las agresiones del mundo, Séneca aconsejó: “no permitas que te conquiste nada excepto tu propia alma”. En la conquista de nuestra propia identidad, de nuestra propia singularidad, nos hallamos los latinoamericanos que hemos interpretado esta obra.


María Cristina Deprati

 

... Soy la que nace, corre, inventa una palabra

Soy la cálida muerte y la resurrección de mazorcas y flores de zapallo

Soy todo lo destruido que construye su pajarera de aire Soy el idiota y el maligno y el tierno pecho de azucenas y la página en blanco
Soy américa enferma y asustada pero bella y sensual

Soy lo que reina. Soy lo que está viniendo

Soy la misma criatura de cabellera roja

en el morirse soy lo que dura, lo que no cae al barro

Soy la que sabe, la que conoce, ama

soy el rostro borroso pero firme y moreno

soy lo que no ha pasado, lo que está por cumplirse y soy también un triste y tibio corazón desolado

 

El que escuchas latir si alguna tarde

miras caer el sol en los llanos de América.

 

Fragmento de  la poesía  “Pasillo de las vírgenes“  de Edna Pozzi

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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