buscar

Av. Alvear 1640 [mapa]
Lun a vie de 11 a 20 hs Sáb de 11 a 13.30 hs

Liliana Golubinsky - Elena Montero - Alejandra Padilla.

Evocaciones

Andrea Fernández

Del 08 de Septiembre al 01 de Octubre de 2011 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

imagenes
 
anterior siguiente
 
 

(Habitar)

 

En series anteriores, como Mar de dudas, Andrea Fernández daba evidencia visual de la presencia humana. No ocurre lo mismo con su nueva serie de fotografías en las que lo humano vive en la imaginación del espectador. No hay brazos que apuntan al cielo ni cuerpos velados, pero sí un habitar congelado en una selva de edificios blancos que se amontonan en el espacio por obra del azar.

 

La esencia de lo humano es pensada por Heidegger como habitar y develarlo es esencial al arte. La tarea del artista será mostrar la posibilidad o dificultad de reunión con otros en el habitar; tiene al habitar como meta. Andrea cumple con esa tarea no diciendo sino sugiriendo. Le interesa crear climas o atmósferas evocadoras de sensaciones, emociones, temores y terrores, como el de perderse en un laberinto. También evoca el eterno deseo de encontrar el hogar, sinónimo de protección, contención, refugio. En obras anteriores, la inseparabilidad del cuerpo y la tela también hablaba de un ser necesitado de abrigo. Una vez más, Andrea nos enfrenta a presencias frágiles ligadas a la soledad, seguras de la parte pero nunca del todo.

 

El ser vivo está implicado esta vez en la evocación de la vida bajo la forma de venas/ramas que nombran al cuerpo y a la naturaleza. Adheridas a los edificios, se congelan. Ya no hay sangre que corra por las venas ni savia que nutra el elemento natural. No obstante conservan su belleza al modelar la superficie del papel gofrado con relieves que suman tacto y visión. De este modo, las venas/ramas exploran su lugar en un mundo des-naturalizado, indiferente a los estragos, incluido el ecológico. 
La vida también resuena a través de una de sus cualidades elementales: el movimiento, ejemplificado en la movilidad mágica de la sombra. En este sentido, las fotografías de Andrea recuerdan lo que afirmaba Giorgio de Chirico:  “En la soledad de la estatua, el tiempo, a través de las estaciones, no produce más que un solo fruto: la sombra. La sombra es la vida reflejada por la estatua, su movilidad mágica”. Como las estatuas del pintor italiano, las construcciones de Andrea son volúmenes que “viven” de sus sombras siempre renovadas, variando al infinito la percepción del blanco hasta tocar la  escala de los grises.

 

Al espectador lo sorprende el oxímoron: un congelamiento vital exasperante que, sin embargo, conjuga con la vida como movimiento y también como juego. Cada una de las piezas de Andrea, trabajada con cuidado maternal, nos aproxima al juego infantil (“jugar a las casitas”) y a la manualidad casera, con el consecuente placer que da el demorarse en la perfección del trabajo, alcanzada esta vez por el corte y el plegado impecables.

 

En su juego serio, Andrea construye “mónadas” o “átomos metafísicos” simples que reflejan el universo. Son éstas, unidades cerradas e indivisibles. No tienen puertas ni ventanas. Nada puede entrar ni salir de ellas. Sin embargo, no dejan de evocarse el deseo de comunicación. Es ese deseo el que permitiría hablar de una utopía que despunta, silenciosa, en medio de un pasado que fue y un futuro sin horizonte; allí donde circula el reflejo pero no el contacto. Todo es parte de una poética del silencio que –desde el blanco como punto cero de manifestación de un sentimiento- sugiere un apocalipsis desplegado lentamente, casi sin que nos demos cuenta. Un apocalipsis “blando” que tiene, como primer capítulo, la dificultad del ser-con.
        
 

Elena Oliveras
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus