buscar

Av. Alvear 1640 [mapa]
Lun a vie de 11 a 20 hs Sáb de 11 a 13.30 hs

Cuando Tarkovski plantó un árbol en mi casa

Cuando Tarkovski plantó un árbol en mi casa

Juan Doffo

Del 02 de Octubre al 31 de Octubre de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

imagenes
 
anterior siguiente
 

TEXTO DEL ARTISTA

 

 

“Cuando Tarkovski plantó un árbol en mi casa”

 

Esta exposición reúne obras que fueron un intento de diálogo personal e intimista con el universo poético del cineasta ruso Andrei Tarkovski. Sin siquiera pretenderlo, su espíritu y sus incomparables virtudes fílmicas fueron anidando en mi forma de trabajo desde la primera pintura que realicé en relación con su obra, en 1989, titulada “Cuando Tarkovski plantó un árbol en mi casa” hasta los trabajos realizados posteriormente y que hoy, finalmente, presento en esta muestra compuesta por una selección de pinturas y fotografías antiguas y actuales, de las que no quise desprenderme anteriormente, para poder mostrarlas hoy públicamente, tal vez como sencillo homenaje a aquel luminoso ser que acompañó mi mundo interior durante años en este  misterioso camino del vivir.

 

Cuando pude apreciar su primer film descubrí en él un espíritu afin a mi sensibilidad. Tarkovski, gran creador de imágenes impulsadas por su necesidad de transmitir la realidad de la forma mas espiritual posible, con gran observación ante los mínimos detalles, ha sabido develar lo profundo y lo inconmensurable de este íntimo recinto que habitamos.

 

Posteriormente fui conociendo su pensamiento, viviendo y disfrutando apasionadamente el resto de las pocas películas que en sus apenas 54 años pudo desarrollar, teniendo que enfrentar las enormes dificultades que le presentó el régimen político de su país, por filmar obras alejadas del programa  de adoctrinamiento para las masas que pretendían los funcionarios del gobierno.

 

En el año 1989, cuando plantábamos los árboles frutales de mi casa en Mechita, surgió en mi mente la imagen de la historia sufí del árbol que encierra su film El sacrificio. Ese fue el comienzo de mi acercamiento. La parábola parece decirnos que todo árbol que se planta es una apuesta al futuro, es la esperanza de que los frutos lleguen, que todas las cosas valederas crecen desde la raíz. Luego, año tras año, de manera inconciente, aparecieron temas en mi labor artística que entraban en sintonía con imágenes, conceptos y pensamientos “tarkovskianos”. Me pregunté muchas veces por qué me conmovían tanto sus ideas, sus imágenes y el clima poético resultante. Tal vez lo asocié con el espíritu ruso de habitar esos enormes espacios, semejantes a los grandes espacios silenciosos de mi llanura pampeana, o a lo mejor, por esa sensación metafísica que me despertaron sus paisajes y sus personajes que intentan ir mas allá de los límites humanos. Personajes muchas veces de espaldas al espectador interrogando el universo, semejantes a la pintura del romántico alemán Friedrich. Todo ello se asemeja a mi percepción del vivir. Del micro y macrocosmos que nos atraviesa.

 

Los elementos de la naturaleza son omnipresentes en el cine de Tarkovski, de la misma manera que siempre tuvieron importante presencia en mi obra. Lo  leve y lo sólido, el espíritu y el barro conviviendo naturalmente. El fuego, el aire, el agua y la lluvia, semejante al tiempo, borran las huellas. Tal como percibo el camino recorrido en mis obras, hay en Andrei un repertorio recurrente y obsesivo de imágenes. Solo queda lo transitado y quizás la temporalidad explica lo eterno, muy cercana a la estructura circular de sus películas.

 

Así como no hay simbologías ni metáforas directas, no hay una centralidad en el guión de sus films. El motivo siempre es incierto y no hay una lógica precisa. Como en nuestras acciones los fragmentos son tan valiosos como la totalidad. Hay una mirada tierna, aunque aguda y excesiva, en cada objeto donde posó su cámara. Tal como en la filosofía zen, en el mirar con todos los sentidos están las respuestas, parece decirnos Tarkovski. Cada imagen es una superficie sensible y “lo profundo”está en la piel de cada cosa. Entonces la conciencia puede corporizarse en cada imagen.

 

“Tarkovski no era un hombre misterioso, pero sí era un hombre en contacto con el misterio” dijo Erland Josepson, ese gran actor sueco tan ligado a Ingmar Bergman. Siempre entendí que ese misterio es lo que llamamos sublime. Lo sublime contiene las grandes preguntas sin respuesta que habitarán por siempre la psiquis humana: el amor, la belleza, el arte, la vida, la muerte, las creencias religiosas, la sexualidad, el infinito. Su cine pareciera despertar los sentidos prolongados de la naturaleza con el alma humana. Por eso tal vez entiendo su obra cercana a mis trabajos: una apuesta a la armonía de lo no conciliado.

 

                                                                                                                                                 Juan Doffo

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus