buscar

Av. Alvear 1640 [mapa]
Lun a vie de 11 a 20 hs Sáb de 11 a 13.30 hs

Carlos Gallardo. Obras 2007-2008

Carlos Gallardo

Del 05 de Julio al 30 de Julio de 2011 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

imagenes
 
 
 

Cuando nos sucede la desdicha de perder a un gran artista en su momento de plenitud creativa, solemos quedarnos con la sensación de algo trunco, con la duda de qué destino radical habrían asumido sus pensamientos en ese futuro que nos ha sido negado. Otro es, sin embargo, el sentimiento que nos deja la obra de Carlos Gallardo, porque, desde el principio al fin, el artista enfrentó la paradoja esencial de la existencia humana: es la conciencia de nuestra caducidad inexorable la condición de cualquier sentido que podamos construir o atribuir a nuestras vidas.

 

Gilles Deleuze afirmó que una obra verdadera surge de la necesidad, y se nos revela en la persistencia de aquello a lo que el artista no ha podido renunciar. El trabajo de Gallardo asumió las formas y materiales más diversos, pero nunca se distrajo de su inquietud vital: medimos el tiempo porque sabemos la muerte; valoramos los actos de memoria porque nos acecha el olvido. Tiempo y memoria no sólo han sido temas en la obra de Gallardo: encarnaron el ritual mismo de su trabajo de artista. Dos historiadoras que lo conocieron en profundidad expresaron un mismo asombro. Dore Ashton lo comparó a un monje, por su dedicación paciente, serena e insobornable. Mercedes Casanegra afirmó que su mirada profunda y concentrada lo libró de extraviarse en la amplitud del mundo. Las colecciones de objetos encontrados que aún se conservan en su estudio no muestran una acumulación omnívora, sino el resultado de una arqueología precisa, que buceaba en la realidad para rescatar las huellas existenciales de la vida humana.

 

Él lo dijo también. “La realidad misma está velada por la bruma de la contaminación”. Se refería a que la multiplicación de información, los adelantos tecnológicos, el desarrollo de la economía global “son peligrosas coartadas para escapar de las preguntas que nos asustan”. Luego de una larga estadía en el exterior, en 1997, su presentación en Buenos Aires cobró la forma de un regreso a las inquietudes fundamentales. ¿Qué, quién, cuándo, cómo, dónde, por qué? El filósofo británico A. N. Whiteread había observado que se requiere una mente muy especial para encarar el análisis de lo obvio. Advirtió que, en la Modernidad, el pensador (el artista) sería aquel capaz de desmantelar, con su mirada inquisidora, los hábitos adormecidos.

¿Qué nos dice Perpetual Motion III? Que, en la obra de Gallardo, la identidad entre el pensador y el artista se manifiesta en la articulación conflictiva entre palabra e imagen. Al devenir objeto visual, el texto se vuelve hermético y, por lo tanto, capaz de nuevas lecturas. Pienso en la famosa pipa de Magritte y en otro belga, Marcel Broodthaers, que inauguró su camino como artista plástico clausurando su último libro de poemas. Pienso en ellos porque la tradición conceptual nos ha acostumbrado ya a la incorporación de la palabra al campo de las artes visuales, pero son contados los casos en los que, como en la propuesta de Gallardo, el artista conceptual resulta inseparable del poeta.


2.

 

La presente exposición vuelve sobre las últimas series de Carlos Gallardo, realizadas entre 2007 y 2008. En ellas, la fotografía tomó un lugar protagónico. Este artista, que nunca se consideró a sí mismo un fotógrafo (y que rehuyó siempre a cualquier definición disciplinaria de su trabajo), aceptó con total naturalidad la aparición de la fotografía, como una más de las formas de la memoria y del tiempo.

 

Como los relojes, las cartas, los calendarios, y las cajas omnipresentes en su obra, la fotografía oficia de marco. Nos dice que la condición de todo acontecimiento humano es el aquí y ahora de una experiencia. El viejo puerto de Amberes, uno de los hogares de este artista viajero, se vuelve en Theatrum Mundi el escenario de una humanidad universal, representada en pequeños personajes. Inocentes del color y la escala que los separan del paisaje, ellos parecen disfrutar de las vistas, los paseos, el descanso en la ribera. En Destiempos, en cambio, los muñecos se hallan insertos en casilleros o engranajes cronométricos de ciertos muebles y mecanismos en desuso rescatados del antiguo Correo. Aún sin saber a ciencia cierta donde están, parecen sospechar la presencia irrevocable de los límites que amenazan a toda iniciativa humana. La toma cercana y la iluminación teatral acompasan un tono que se vuelve aquí más grave.

 

¿Por qué acudió el artista a estas figuras, pequeñas como un juguete? Confundiríamos la profundidad de su mirada si excluyéramos de ella su espíritu lúdico, su ternura. Carlos Gallardo no juzga a la humanidad desde la distancia. Nunca fue afecto a la sátira, que es la risa que comunica tristeza. Para él la finitud no era la medida del sinsentido de la vida humana, sino de todo lo que el hombre es capaz.

 

Valeria González
Universidad de Buenos Aires

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus