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Andrea Racciatti - La Noche

Andrea Racciatti

Del 26 de Agosto al 02 de Octubre de 2009  - Entrada: libre y gratuita

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Inaugura miércoles 26 a las 19 hs.
Texto de Ana Martinez Quijano / La Noche fragmentada.
La noche es el tema de las últimas pinturas de Andy, y cada obra el punto de partida de un relato que el espectador intentará imaginar. La fascinación que ejercen los aspectos sombríos de esta historia está encarnada en una joven que mira el cielo del atardecer. Ensimismada, observa el instante que concentra la mayor intensidad de la luz, a pesar de la marcada oscuridad del azul. A su lado, una pintura refleja el momento preciso en que comienza a caer la noche, y el enjambre de ramas, hojas y brotes de un bosque, dibuja un encaje que se recorta sobre el azul todavía resplandeciente del crepúsculo. A partir de una fotografía, Andy pintó, en tamaño real, la silueta de una joven de espaldas a la cámara, acentuó la blancura de la piel con un vestido negro y su espeso pelo también negro. La figura está de pie mirando el paisaje, su rostro resulta inaccesible y, con su posición distanciada elude el canon del retrato clásico. Si bien la elaborada pintura mantiene la frescura de una instantánea, el personaje aparece cargado de enigmas. Lo nocturno, con todo lo que conlleva de oscuro e irracional, está presente en una inmensa pintura cuyo protagonista es un perro negro con su pelo sedoso y brillante. El animal sencillamente olfatea el terreno, pero la oscuridad absoluta del paisaje revela la existencia de un componente siniestro, y siembra dudas sobre el sentido de la obra. Mientras la imagen del perro remite a la idea de mansedumbre, docilidad e, incluso, hasta sumisión, la tersa superficie negra del fondo, ostenta unas formas fantasmales. Con un bajorrelieve que apenas se adivina, casi imperceptible, la artista diseña un territorio del temor y del miedo. En abierto contraste con estas sensaciones, la intimidad de unas escenas familiares abre un capítulo donde se exalta la protección y una afectuosa cercanía, sentimientos que van al rescate del calor del hogar burgués. La madre y el padre abrazan a sus hijos bajo una luz que triunfa sobre todas las sombras imaginables. Sus rostros se han vuelto incandescentes, los enciende una transparencia dorada. La intimidad es un tema central en la muestra, circunstancia que se acentúa en las figuras femeninas retratadas en pleno sueño. Hay una escena que muestra una mujer durmiendo en su cama y otra en el piso, como si algo hubiera acontecido durante la noche que la indujo a procurar la cercanía física. A su vez, esta obra remite al concepto shakesperiano de que el hombre está hecho de la misma materia del sueño, y de que su vida acaba en un sueño. Mirados desde este punto de vista, los personajes se tornan vulnerables. Entretanto, crecen ante nuestros ojos los objetos del “Catálogo de ausencias”. La idea de pintar un conjunto de objetos de pequeño formato y alto poder evocativo está inspirada en el cuento de Silvina Ocampo, “Amada en el amado”, donde dice: "Él volvió a soñar a lo largo de la vida y ella a sacar objetos de sus sueños". Y allí están, fuera del sueño para participar de la vida, la “Cajita de música”, el “Biscuit”, la figurita “De parto” y la lámpara que velaba los sueños infantiles de Andy: “Luz de noche”. En una exhibición de grandes contrastes, el universo exterior ejerce una presencia intimidante en el mundo interior; lo animado fuerza la energía oculta de lo inanimado; la ficción enfrenta la vida real. Y, mientras tanto, gravitando en toda la muestra que se cierra con un luctuoso crisantemo, se oye el sonido de la respiración y del viento. Texto de Andrea Racciatti - Buenos Aires, febrero de 2005 / LA CAJA DE PANDORA “Discursos en tránsito”, fue el primer encuentro y confrontación de obra organizado por el Programa Internacional Red Nómades en Godellla, Valencia, julio de 2004. En mi caso particular, asistí a los encuentros como parte integrante del equipo coordinador de Nómades y también como artista. A pesar de no haber residido en otro país que no fuera Argentina, por cierto mi país de nacimiento, he tenido la posibilidad de viajar al exterior en varias oportunidades, lo que me permitió relacionarme con artistas de distintas latitudes y tomar contacto directo con otras culturas. La primera vez que tuve la oportunidad de viajar a Europa fue cuando tenía 25 años. Terminaba en nuestro país la dictadura militar y la vuelta a la democracia era la esperanza de un país nuevo. El premio Lufthansa que se realizó en 1983 en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, fue como un punto de partida que permitió a un grupo de artistas de la generación del 80 mostrar libremente sus obras, luego de años de censura y encierro. Sin esperarlo, gané el primer premio: un viaje, mi primer viaje a Europa. Como gran parte de los argentinos soy descendiente de italianos, y ese lugar mítico que poblaba mis recuerdos a través de las crónicas de mi padre se hacia realidad. Cuantas veces había escuchado hablar de Venecia, del mar Mediterráneo, de los viajes de mi bisabuelo como polizón en algún barco de carga para retornar a su pueblo. Mi abuela paterna nació en el norte de Venecia. Llegó a la Argentina a los cinco años y nunca más volvió a Italia. Mi padre, nacido en Argentina, paradójicamente murió en Venecia. Podría decir que por ese tiempo aprendí a sentir el espacio más allá de una demarcación en un perímetro cerrado. Caminé Notre Dame una y mil veces y percibí “las presencias”. Cómo nombrar lo innombrable…las pisadas, los suspiros, los llantos y las risas. Y por sobre todas las cosas, descubrí que mi interior resonaba como una campana con ciertos estímulos visuales y cognitivos que me invadían sin poder poner yo orden alguno. Vi las esculturas de la Plaza de la Signoria en Florencia mezclarse con las palomas de la Piazza de San Marco, vi un San Sebastián atravesado por las flechas y sentí el dolor hasta el paroxismo. Vi a María susurrar en el oído de Jesús en una Pintura de Bellini solo como lo harían dos amantes; vi el Cristo de Mantenga en la Pinacoteca de Brera, La última Cena de Leonardo… y no pude ver más. Solamente el agua me calmaba. Posaba mi mirada sobre el gran canal, en Venecia, con la imagen de la Salutte a lo lejos y así lograba aquietar mis visiones. Sentí la distancia como nunca, la inmensidad del océano Atlántico separándome de América, la luna al revés y un cielo poblado de otras estrellas. Aún sigo atenta al tañido de las campanas. Así construyo mi obra: rescatando las imágenes que están guardadas en lo que yo llamo “La caja de Pandora”, ese lugar sin fondo en donde conviven todas las imágenes. Esa subjetividad casi biográfica que caracteriza mis obras, se vio enriquecida en el encuentro realizado en Valencia gracias a la mirada de los artistas colegas que hicieron una devolución en tono de debate cuando presenté el cuerpo de obra realizado durante unos años a esta parte. El conjunto de mis trabajos se puede pensar como una reflexión acerca de la textualidad y su interacción con otros contextos comunicativos y de representación. En mi hacer, hago un recorrido del cuerpo en casi toda la extensión de mi obra: “es escrutado, explorado, como tratando de extraer de él el máximo indicio de su amor”(Fabiana Barreda, “Incisiones silenciosas”) Este focalizar la mirada en el cuerpo humano y tomarlo como paradigma de todas las cosas me lleva a preguntarme constantemente por el destino último, partiendo de una mirada subjetiva que comienza posándose en sí misma para luego escrutar todo aquello que la rodea. La reflexión y la continuidad del quehacer artístico fueron las consecuencias que se dispararon luego del trabajo realizado en conjunto durante “Discursos en tránsito”. Esta vez fue Valencia, España, con su increíble cielo azul el escenario propicio para el encuentro. Nos queda además, el afecto compartido y el deseo de seguir “en tránsito” buscando la reunión más allá de las fronteras, con la certeza de que uno se vuelve mucho más liviano al “compartir el equipaje”. Texto de Florencia I.Ferreiro, 11 de agosto de 2009 /
I - Noche - Para vivirlas plenamente no deberíamos limitarnos a observar las pinturas en sus colores y bellas formas. Para vivir la noche hay que entrar en ella, entregársele y abandonarse en su interior. Para entrar en las pinturas de Andrea Racciatti, para captar sus fuerzas, deberemos adentrarnos en lo profundo. Pero la profundidad que Andrea nos revela no pertenece a la del mundo subterráneo. Y es que hay otras posibilidades cuando hablamos de especies de profundidad. La noche de Andrea es la que se revelará al penetrar el bosque y atravesar la vegetación densa, libre, salvaje, sin dominio ni cultivo. Es una invitación. ¿Será la negrura de esta noche como la que encuentra el peregrino quien sabe que, a pesar de los peligros, será guiado por una luz que no lo abandonará?, ¿o como la del aventurero fiel a su razón de búsqueda?, o como la de cada uno de nosotros al momento de adentrarnos en nuestro bosque, o nuestra selva, y avanzar con paso firme porque es territorio propio, y también con paso lento porque es necesario avanzar con cuidado. Son sitios plagados de nosotros mismos, de nosotros desconocidos. ¿Quién puede ayudarnos?¿quién puede darnos experiencias y decirnos los recursos?. Sólo nos lo dicen herméticamente, y quizás no es posible de otro modo. Pero lo cierto es que todos nos sentimos alucinados o unidos, siempre llamados. Si la noche de Andrea es la de su peregrinaje, podemos encontrar en ella (en su noche) al nuestro (nuestro camino personal). La noche puede ser nuestra luz. II Símbolo universal, la noche es la madre de los sueños, la matriz del mundo onírico donde se gestan nuestros mensajeros , los más oscuros y los más preciados. Madre, luna y tierra, la noche se corresponde además con la nigredo, la primera de las etapas del proceso alquímico y del proceso creador. En ella la materia es llevada a su estado primigenio e indiferenciado, al caos originario. En el proceso creador también es oscuridad y matriz . En este estado sólo podemos sumergirnos (no importa si es el agua o el bosque) o lanzarnos al vacío. III Visito el taller de Andrea, veo los cuadros, veo un rostro, un niño, un hombre, una mujer, un abrazo, dos cuerpos tendidos, pido el relato sobre algunos. Los objetos pequeños, los espacios íntimos, los recuerdos. Un perro negro en un paisaje desconocido, nigredo! -exclamo-, tierras negras. Pero no, este no es un perro más, es un perro mensajero y buscador. El perro olfatea y espera. ¿A quién espera? ¿Dónde está? ¿Qué es ese sitio inmenso en secretos, inmenso en posibilidades? Mientras, la mujer esbelta y serena mira por la ventana. La vegetación humedece el ambiente, se puede respirar la tierra húmeda y oscura. De piel aparentemente inmaculada, con vestido, pelo y tacos negros se detiene antes de comenzar el avance, ( ¿o ya estuvo allí hace mucho y por mucho tiempo? ). La observa , la examina, hace falta una decisión, un cambio en la respiración, una inmersión, para ser parte de esa selva que la espera, que la llama, que es parte suya en verdad, y que es el otro mundo pleno de misterios, humedad, sabiduría. Pero se detiene. Aún está separada porque puede separarse y mantenerse limpia, hermosa, implacable. Sueña con la selva y en sus sueños satisface su sed y su hambre. Y en ellos, despierta al otro mundo.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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