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Thames 1776 [mapa]
Lun a Vie de 14 a 20 hs. Sab de 15 a 20 hs.

Paisaje Interior

Juan Carlos Lasser

Del 08 de Mayo al 20 de Mayo de 2008  - Entrada: libre y gratuita

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Inaugura jueves 8 a las 19 hs.

Texto de Elena Oliveras
ESTÉTICA DEL FRAGMENTO

Neobarrocas, las pinturas de Juan Carlos Lasser muestran un encadenamiento de fragmentos permanentemente renovado en las múltiples entradas que ofrecen al ojo del espectador. Más que el objeto es su pliegue el que domina y estimula un movimiento de desintegración. Nuestro pequeño universo se disuelve. ¿Y en el centro, qué? Central en los “paisajes interiores” de Lasser resultará la puesta en pintura de una vivencia de fragmentariedad. Su estética es la del fragmento, diferente de una estética del detalle.

Si el detalle asume su pertenencia al todo del que es parte, el fragmento produce un corte con el todo, violentándolo. Sus bordes señalan una interrupción accidental, azarosa. El fragmento inventa su propia geometría siendo su consecuencia la dislocación, el des-etiquetamiento, el sacudimiento del sistema de los objetos. Entre figurativo y abstracto, el objeto pierde identidad, parece caer de la (aparentemente) firme estantería en la que se apoyaba. Paralelamente, el espacio pierde autonomía, se vuelve topológico, modelado por los fragmentos de objetos que lo habitan. A su modo, Lasser pone en escena la eterna lucha entre el orden y el caos, entre lo dionisíaco y lo apolíneo, primando en este caso, frente a la medida apolínea, un torrente de disonancias que el espectador intenta conciliar aunque sea momentáneamente. Indiferente a los movimientos en boga, Lasser inicia un camino partiendo del asombro, como si mirara al mundo por primera vez. Pone atención en la apariencia móvil de las cosas, en la “musicalidad” de pliegues y fragmentos.

De allí la importancia que en sus pinturas asumen las diagonales; apoyadas en el contrapunto de tonos fríos y cálidos, ayudan a ritmar la composición y promueven un doble movimiento: ascendente – evocador de lo ingrávido y de lo trascendente – y descendente, atado a la gravedad de la materia. Por momentos, los verdes hacen pensar en la naturaleza que avanza invadiendo el habitat, mientras que los tonos azulados sugieren pasajes umbríos y húmedos contrastando con los tramos rojos o amarillos que se expanden, empujando en todos los sentidos. Lasser juega seriamente con la simultaneidad de lo diverso. En pequeños aposentos perspectivistas se entrelazan – junto a arabescos y planos de estricta geometría – esbozos de muebles, ruedas, engranajes, árboles, montañas, ríos, cuerpos humanos que vibran en su fluir interno o metaforizan el paisaje. Pero el elemento reconocible parece ser sólo un pre-texto, un medio para el desarrollo del drama (del griego drao = actuar, obrar) de la pintura, de ese hacer que recrea el mundo uniendo visión y movimiento. Hacer que Lassser asumirá en cada uno de sus “paisajes interiores” de modo original, auténtico, desde la intimidad del sentimiento.

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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