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Memoria de la escultura 1895-1914. Colección del MNBA

Memoria de la escultura 1895-1914. Colección del MNBA

Muestra colectiva

Del 16 de Octubre al 24 de Noviembre de 2013 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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Con la exposición Memoria de la escultura el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) presenta un amplio panorama de los comienzos de su colección de esculturas a partir de un recorte temporal que comprende el período de institucionalización del campo artístico argentino, desde la fundación del MNBA en 1895 hasta el IV Salón de Artes Plásticas de 1914. Revisa especialmente cuáles fueron las motivaciones que animaron a Eduardo Schiaffino, primer director de la institución (entre 1895 y 1910), a conformar un conjunto de esculturas de autores extranjeros y a impulsar la escultura argentina.

 

La muestra traza el camino de un grupo de escultores, desde su aprendizaje académico y el trabajo en el taller hasta la exhibición de sus obras en espacios nacionales e internacionales. Piezas de reconocidos autores argentinos y extranjeros del siglo XIX y principios del XX, como Lucio Correa Morales, Mateo Alonso, Francisco Cafferata, Víctor de Pol, Arturo Dresco, Pedro Zonza Briano, Antonio Tantardini, Jules Lagae, Auguste Rodin y Émile Bourdelle, forman parte del corpus de esculturas seleccionadas.

 

Vinculada con la política de adquisiciones de Schiaffino, la exposición recupera este primer grupo de obras (en su mayoría en la reserva de la institución), y manifiesta su idea de museo con una función social y educativa, acorde al programa modernizador de la época. Schiaffino reconocía el papel indispensable del museo en la educación de los estudiantes de arte, y su intención fue que en sus salas alcanzaran una experiencia directa con las obras. La muestra busca además comprenderen qué medida interactuaron en esos años germinales de la institución, coincidentes con el cambio de siglo, los representantes del campo artístico local, gestores, coleccionistas y espacios de exposición.

 

Seis núcleos temáticos hilvanan esta historia: Los inicios de la colección de esculturas,  Salones y exposiciones, Los calcos y la enseñanza de las bellas artes, Camino a la modernidad, Lo moderno, y El Salón de 1914.

 

Memoria de la escultura 1895-1914. Colección del MNBA, proyecto concebido por el Área de Investigación y Curaduría, es una producción integral del MNBA con la curaduría de María Florencia Galesio. Resultado de un esmerado trabajo de investigación y conservación, a cargo de los equipos técnicos del museo, permite la exhibición de las piezas e invita a la reflexión sobre las tensiones de la escena artística de la época. El diseño, a cargo de Valeria Keller y Mariana Rodríguez y el equipo de museografía del MNBA, cruza el recorrido histórico del momento de institucionalización de las artes, con los espacios de creación y de exhibicióncomo el del taller. En tanto el equipo de restauración realizó un exhaustivo trabajo de puesta en valor de las piezas, algunas de las cuales se exhiben al público después de casi cien años. Entre ellas se destacaBacante (1896) de Arturo Dresco, una de las primeras obras de un escultor argentino en ingresar al museo, escultura restaurada especialmente para esta ocasión.También se exponen documentos de época a partir de un proceso de investigación y trabajo en archivos en cuya búsqueda intervinieron las áreas de Documentación, Biblioteca e Investigación. Parte de este rastreo se utilizó a su vez en dos videos documentales que se proyectan enesta exposición.

 

La muestra se acompaña de un minucioso libro-catálogo, con colaboraciones de especialistas, Adriana van Deurs, Marcelo Renard  y Hugo Pontoriero. Por su parte el Área de Investigación tuvo a su cargo los ensayos que conforman el principal corpus de esta exposición: Paola Melgarejo, Patricia V. Corsani, la entrada razonada de las piezas de la colección (Pablo De Monte, Lucía Acosta), y bibliografía y biografía de artistas (Ana Inés Giese). Las tareas de restauración llevadas a cabo se analizan en los textos del Secretario de Cultura de la Presidencia de la Nación, Jorge Coscia, de la Directora Ejecutiva del museo, Marcela Cardillo, de María Inés Stefanolo, Directora Artística,  Mercedes de las Carreras, a cargo del Área Gestión de Colecciones y Raúl Alesón, integrante de esta Área. El libro incluye un texto curatorial a cargo de María Florencia Galesio y la reproducción de las obras.

 

Las visitas guiadas para público general  serán a partir del martes 22 de octubre de martes a domingo a las 18:00, excepto feriados.

 

Se realizarán también visitas especiales para ciegos y personas con baja visión los sábados 19 y 26 de octubre y 16 de noviembre a las 11:00.

 

La exposición cuenta con el apoyo de la Asociación Amigos del MNBA.

TEXTO CURATORIAL

 

La exposición que hoy se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) aborda los inicios de la colección de esculturas de nuestro museo mayor. Su formación está directamente vinculada a la política de adquisiciones im- pulsada por el primer director de la institución, Eduardo Schiaffino, a partir de las donaciones provenientes de los salones del Ateneo, de compras efectuadas en Buenos Aires y en Europa y de donaciones de coleccionistas y artistas concretadas durante los años de su gestión, entre 1895 y 1910.

 

Otros espacios, como la Exposición Universal de Saint  Louis (1904), la Exposición Internacional  de Arte del Centenario (1910) y los Salones Nacionales realizados anualmente desde 1911, fueron ámbitos de legitimación que permitieron la circulación de obras y promovieron el incipiente campo artístico argentino. Todos estos recorri- dos fundacionales tuvieron un papel esencial en la confor- mación de la colección y contribuyeron al crecimiento del patrimonio del MNBA.

 

Los criterios que guiaron la selección en cada caso indican no solo las preferencias estéticas, sino el perfil de institución al que se aspiraba. Schiaffino tenía en mente un museo de carácter metropolitano, con una colección que manifestara los cambios producidos a lo largo de la histo- ria del arte y que cumpliera con una función social y edu- cativa, siguiendo los parámetros de los museos europeos y norteamericanos contemporáneos. La creación del MNBA acompañó el programa modernizador de entonces.

 

En este contexto de fines del siglo XIX y comienzos del XX, cabe considerar además el profundo cambio de concepción experimentado en el campo de la escultura. Las innovaciones producidas por artistas  como Auguste Rodin, orientadas a una tendencia más pronunciada hacia
lo formal y autorreferencial, le otorgaron autonomía a la escultura y la fueron liberando de las ataduras  del valor simbólico.

 

El maestro francés investigó  la posibilidad de utilizar múltiples puntos de vista, estrategia visual que invitaba al desplazamiento del espectador en torno de las esculturas, y a que éste descubriera cada detalle, cada marca del hacer, como lo planteó en El beso. Asimismo, cuestionó la convención del pedestal para los monumentos, como en el caso de su propuesta para Los burgueses de Calais, o del dedicado a Balzac, en los que las figuras aparecían ubicadas al ras del piso, con la intención de que el público se relacionara directamente con los personajes representados.

 

Las transformaciones estuvieron regidas, en gran medida también, por las posibilidades técnicas introducidas y utilizadas por Rodin. La reproducibilidad permitió que tanto distintos museos del mundo como coleccionistas particulares contaran con ejemplares de sus obras más importantes, vaciadas en yeso, bronce o pasadas al mármol. El Museo Metropolitano de Nueva York adquirió La mano de Dios en 1908 y posteriormente completó el conjunto con otras piezas del escultor de Meudon.

 

Pero fue el MNBA el primer museo en América en incorporar a su acervo una obra de su autoría. Gracias a las gestiones de Schiaffino, La Tierra y la Luna fue comprada en París en 1906 y el propio artista ofreció al mu- seo, un año más tarde, un vaciado en yeso de su famosa com- posición El beso que se integró a la colección en 1908.

 

El ingreso de esculturas a los museos, dada su especificidad –materialidad, tamaño, volumen, peso–, generó nuevas problemáticas, relativas tanto a la conservación como a las decisiones curatoriales y museográficas. Obras inicialmente pensadas para ser ubicadas al aire libre pasaban a exhibirse en espacios cerrados, modificando las
relaciones visuales originales; cuando se trataba  de yesos o mármoles, la ausencia de color de la materia podía resultar poco atractiva. 

 

En los salones de arte de fines del siglo XIX y comienzos del XX era habitual que las piezas presentadas estuvieran realizadas en yeso, soporte provisorio y endeble, pero a la vez económico, sobre todo cuando se trataba  de participaciones de artistas jóvenes. En general, cuando las obras habían ganado  algún premio, esos yesos eran vaciados y fundidos en bronce, o trasladados al mármol gracias  a la labor de los maestros pasantes y tallistas.

 

Bacante, yeso del escultor argentino Arturo Dresco y una de las primeras esculturas de la colección argentina del MNBA, que fue presentada y premiada en el Salón del Ateneo de 1895, no pasó por estos procesos. En cambio, de la versión en yeso de Los primeros funerales, de Louis-Ernest Barrias, galardonada en el Salón de París de 1878, se conocen varios ejemplares en mármol, como la pieza del MNBA, y en bronce.

 

De este modo, los criterios de exhibición se fueron adecuando a las necesidades planteadas por las obras o a las condiciones impuestas por el edificio que albergaba las colecciones para integrarlas al discurso curatorial propuesto. La Victoria  de Samotracia  del Museo del Louvre ejemplifica esta última cuestión. Ubicada en lo alto de la escale- ra Daru, ocupa un sitio estratégico dentro de la colección desde 1884.

 

En consecuencia, la exhibición de esculturas, a fines del siglo XIX y principios del XX, tuvo condicionantes de carácter físico inherentes a los edificios destinados a museos y al tamaño  de las piezas. Las investigaciones  realizadas para la muestra que se presenta en esta oportunidad han dado cuenta de estas problemáticas. El recorte temporal incluye una selección de esculturas del patrimonio del MNBA que comprende el período de institucionalización del campo artístico argentino, desde su creación en 1895 hasta el IV Salón de Artes Plásticas de 1914, etapa en la cual estas obras atravesaron  diversas instancias relacionadas con las cuestiones que acabamos de describir.

 

Esta exposición supone una puesta en valor del acervo inicial de esculturas del museo, resultado de un esmerado trabajo de las áreas de restauración, investigación y conservación, que permite la exhibición de las piezas e invita a la reflexión sobre las tensiones de la escena artística de la época.

 

(...)

 

María Florencia Galesio

 
 

Esta muestra de esculturas tiene un sabor muy especial. Primero, porque la colección que aquí se exhibe es parte esencial del patrimonio del museo y porque fue preparada a lo largo de estos años por casi todas las áreas de nuestro calificado staff.

 

Las exposiciones patrimoniales son resultado de un largo esfuerzo de los trabajadores del museo, de estudio de las colecciones y de restauración de las obras seleccionadas, que estuvieron, en su mayoría, largos años en los depósitos a la espera de mejores tiempos (la reconstrucción  de Bacante de Dresco es quizás el caso más extremo, pero de ningún modo el único). Y también hay que destacar la intervención decisiva del área de museografía para que el diseño de la exposición sea moderno y atractivo para el público en general (los andamios que rodean las obras darán que hablar en ese sentido).

 

Segundo, porque esta muestra busca recuperar el espíritu con el que Schiaffino y los “padres fundadores” del MNBA adquirieron, a finales del siglo XIX y principios del XX, el patrimonio que hoy exponemos con orgullo, con un propósito eminentemente didáctico: educar a las futuras generaciones de artistas argentinos. Y ese espíritu original es el que, precisa- mente, buscamos reavivar con esta exhibición: poner en primer plano la función de museo escuela que esta institución supo ser y que sigue siendo todavía para tantos jóvenes artistas en formación.

 

Esculturas nuestras, patrimonio de todos los argentinos, restauradas y montadas por nosotros, en un relato bien nues- tro también.

 

En el proyecto de fundación del museo, la escultura ocupó un papel central en el programa de Eduardo Schiaffino. Papel educador, que bien expresa su preocupación por los calcos –como posibilidad de formación del gusto y como aprendizaje para los futuros artistas–, como acertadamente lo explica Florencia Galesio en su texto.
Además de los celebrados escultores extranjeros que conforman el patrimonio (la colección de Rodin que alberga el MNBA es la más grande e importante fuera de Francia), la exposición es también una recuperación de los escultores de nuestro país, aquellos que trabajaron creativamente para formar una escuela de arte argentino, ya que solo el progreso económico, se pensaba con razón bajo el paradigma modernizador de la época, no lograba constituir una nación.

 

El museo, con esta muestra, revisita, una vez más, la tensa y cambiante relación entre pedagogía y espectáculo, dos horizontes normativos que atraviesan todas las experiencias museísticas del mundo. Creo que Memoria de la escultura
1895-1914. Colección MNBA resuelve esta dicotomía con mucho talento y que nuestros visitantes se van a llevar una expe- riencia integral.

 

Bienvenidos una vez más al Museo Nacional de Bellas Artes, un museo de puertas abiertas.


Dra. Marcela Cardillo
Directora Ejecutiva del MNBA

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

Lucio Correa Morales, Mateo Alonso, Francisco Cafferata, Víctor de Pol, Arturo Dresco, Pedro Zonza Briano, Antonio Tantardini, Jules Lagae, Auguste Rodin y Émile Bourdelle, forman parte del corpus de esculturas seleccionadas.

 
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