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Mauro Corda. Insólito.

Del 14 de Noviembre de 2014 al 01 de Marzo de 2015 - Inaugura: 19hs 

 
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Esta singular muestra del escultor francés Mauro Corda reúne trabajos inusuales que, lejos de los usos convencionales, invitan a pensar en lo absurdo y lo grotesco, en la vida y la muerte y fundamentalmente en lo “diferente”. La obra de Corda se rebela contra la vulgaridad de una sociedad que estandariza y formatea nuestras percepciones. Con impertinencia y gran sensibilidad, el artista subraya las cuestiones más trascendentes de este siglo: identidades, cambios ambientales, epidemias y plagas, innovaciones científicas y genéticas, entre muchas otras. Sensible al color, Mauro Corda despliega en una variedad de tintes proporcionados por las pátinas y materiales como el cromo, plata, hierro, bronce, aluminio y resina, entre otros, otorgándoles a las composiciones  un carácter simbólico y expresivo. Así, las obras toman otras dimensiones en el espacio: envuelven, repelen, se achican, se distorsionan  y asimismo  proyectan  sensaciones, recuerdos y estremecimientos. 

 

La producción de Corda “propone una  trama de visibilidades en la que confluyen la tradición clásica de la escultura modelada y una reflexión contemporánea sobre la condición humana. Esa tensión que lo habita, perturba la mirada ‘normalizada’ que espera cuerpos ideales y encuentra cuerpos incorrectos, inauditos, insólitos. Al sentirse extrañada se descubre impropia y soberbia. Del otro lado de las apariencias culturales, desbordan los miedos reprimidos, la pulsión de muerte y una sospechosa humanidad. El canon de Vitrubio establecía una proporción correcta y una simetría vista como  correspondencia entre las partes y el todo. Las figuras humanas escindidas de Corda vuelven sobre  esa idea reguladora para hablar de sexualidades en tránsito, como pasaje de un cuerpo a otro.  Desajustes que se alzan contra los regímenes  que las  construyen como “normales” o “anormales”.

Cauchemar y la secuencia de ‘Chambres’  funcionan como el negativo de impresiones fotográficas sobre la materia tridimensional. Huellas del cuerpo del bebé y de los rostros de parejas en el cotidiano “despertar” que alguna vez estuvieron allí y que en un juego perturbador de presencias y ausencias, la mirada intenta fugazmente restituir. Gisant (yacente) cierra la muestra participando del concepto de “vanitas”; como una advertencia sobre la vanidad de la vida, nos invita a pensar  en el paso del tiempo, en la vida y en la muerte. Con impecable ejecución técnica, repone un modo naturalizado y distanciado de ver los cuerpos en bronce, acero, aluminio, resina o mármol; un cuerpo clásico, de proporciones armónicas que sin embargo se presenta contingente e inestable, que  nace y muere”, destaca Graciela Limardo, jefa de Museografía y Curaduría del Museo Sívori.

 

Corda“es visceralmente escultor. En él prima la calidad del oficio, el trabajo recoleto del taller, la reflexión aguda en cada una de sus piezas. Por lo tanto, no es un dato menor la manera en que pone de manifiesto sus convicciones. Para ello apela a la concepción de sus figuras dentro de la tradición clásica, apolínea y de carácter armónico, que es resignificada a través de los recursos que el arte contemporáneo le provee”, señala Silvia Marrube, responsable del Área de Investigación y Archivo del Museo Sívori. Y añade:“A través del manejo de un lenguaje clásico, del uso de diferentes materiales en sus más diversas combinaciones y de citas provenientes de la historia del arte y recontextualizadas, sus esculturas presentan un foco de quiebre, que tiene lugar en el casi excluyente motivo de sus composiciones: la figura humana. Ésta se transforma en síntoma que vehiculiza la expresión de conflictos universales presentes en las comunidades integrantes del capitalismo tardío. Desde este punto de vista se puede centrar el análisis de las composiciones de Mauro Corda en núcleos temáticos, los cuales pueden sintetizarse en cuestiones relativas a las relaciones entre las personas, las nuevas enfermedades, las elecciones en la identidad de género, lo diferente y la ecología. Este discurso sobre el hombre actual se corporiza por medio del empleo de materiales nobles y en algunos casos lujosos como el mármol, bronce o el acero inoxidable, pero también la primitiva arcilla y las expresivas resinas, generalmente policromadas. (…) Transitar entre las esculturas de Mauro Corda es una experiencia no sólo de índole estética. Se encuentra en ellas un espacio de reflexión y de autoconocimiento, un poder catártico. En esta ‘modernidad líquida’ en la que nos encontramos sumergidos, en tiempos de debilidad e inestabilidad de los vínculos humanos, característica de esta sociedad pancapitalista, individualista y sin certezas absolutas y donde el miedo y angustia emergen permanente, Corda nos propone todo lo contrario. Concentrarnos en las cuestiones serias, borrar los prejuicios, acercarnos al otro, ese desconocido, aceptar la diversidad, pero fundamentalmente comprometernos y quizás podamos contestarnos entonces porqué sus esculturas nos devuelven nuestra propia imagen”

 

“Observar las esculturas de Mauro Corda es en primer lugar ser golpeado por una exigencia formal excepcional”,sostiene Georges Vigarello, miembro del Instituto Universitario de Francia. “El cuerpo es su tierra. La agudeza de la mirada su herramienta. Sabe revelar la intensidad, la fuerza mágica del físico, sin olvidar sus desgracias, sus fallas, sus vulnerabilidades. (…)La figura animal también es ampliamente explorada. El animal no está ‘contado’ como podría estarlo en el caso de algún mal escultor figurativo. (…)No está detallado, como podría estarlo por una narración de circunstancias o de eventos. Está ‘atravesado’. ‘Dice’ por cierto más de lo que está dicho. Un solo vector permanece, a exclusión de todos los demás: el impulso, la velocidad pura y concentrada. Un principio universal se impone con él alcanzando el proyecto de los más grandes: la figura símbolo, inmediatamente expresiva, inmediatamente transmisible, expresando en su condensación misma lo que cada uno puede sentir. El ejemplo es central, revelando el universo de Corda, sugiriendo su total originalidad: formas sin duda, curvas también, magníficas, volúmenes densos, perfectamente combinados, pero una mayor tensión aún, una oscura intensidad, una convergencia dinámica corriendo de un lugar a otro de la obra, sosteniendo las partes en conjunto, animándolas, habitándolas, hasta hacerlas vibrar para librar mejor su verdad”.

 

Corda nació en Lourdes (1960), y ha recibido importantes premios: 2010, Chevalier des Arts et des Lettres; 1992, Prix Fondation Princesse Grace de Monte-Carlo; 1989, Prix de Dessin Charles Malfray; 1985-1987, Lauréat du Concours de la Casa Velázquez, Madrid; 1985, Prix Paul Belmondo; 1983, Prix de Portrait Paul-Louis Weiller, entre otros. Como artista de la Opera Gallery ha participado en numerosas muestras colectivas e individuales en París, Reims,  Chambéry, Lourdes, Venecia, La Haya, Miami, Nueva York. Singapur, Hog Kong, Seúl, Shanghai, Ginebra, Beirut, Londres, Monáco y Barcelona.que representan a músicos, directores y fragmentos de instrumentos en contraste con un intenso cielo. 

ARTISTAS PARTICIPANTES

Mauro Cordanace en 1960 en Lourdes, Francia. Inicia su formación artística en la adolescencia, en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. Luego cursa estudios en la École des Beaux-Arts de Reims (1976 -79) con orientación en escultura y, ya en París, en la École des Beaux Arts (1981-85), donde obtiene una beca que le permite realizar algunos trabajos escultóricos e incluso retratos y establece un acercamiento con el escultor y miembro del jurado Jean Cardot, quien le abre las puertas de su taller y lo apadrina. En 1987 se instala en Madrid, donde recibe la beca de la Casa Velázquez. En 1988 Regresa a París, donde continúa trabajando actualmente.

 

En 1989 concreta su primera exposición en la Galería Marie-Laure en Leduc París. En 1992 expone con éxito en la Galería Sabine Herbert de París, y en 2000, en el Museo de Bellas Artes de Reims. Entre 2001 y 2005 realiza muestras individuales como “Never Again”, La Samaritaine, París; Galería Michelle Bouler, París; Galería Twee Pauwen, La Haya, Holanda; Galería Teissédre, París. Y colectivas: “L´homme qui marche”, Den Haag Sculptuur 2000, The Hague, Holanda; Galería Marion Meyer, Frankfurt, Alemania; Galería Imago, Palm, Desert, USA, entre otras

 

Exhibió su obra en las siguientes galerías: Tomy Rocfort, Rennes, Francia; De Twee Pauwen, La Haya, Holanda; Michel Boutta, París; Tessédre, París. Grupales: Fukushima Prefectural Museo de Arte, Japón; Salón de Mars, Suiza; Esplanade du Dojon, Sainte-Genevieve-des-Bois, Francia; Galería Opera, Nueva York, EEUU; Feria de Arte de Franckfurt, Alemania; “Drawings for Sculptors”, Galería Michel Broutta, Francia.

 

En 2005 lleva a cabo Palm Beach, "una burla a aquellos jóvenes que se creen quién sabe quién y que se encuentran en las playas del mundo", y posteriormente Colección I (2007), Colección II (2007).  Luego, a partir de su formación clásica, en las creaciones de Corda confluyen diferentes estéticas como el simbolismo, el surrealismo y el naturalismo en conexión con el contexto del mundo actual. Así, con una obra lúcida, sutil y a veces inquietante reflexiona sobre los grandes temas de nuestro tiempo, ya sea la identidad, el medio ambiente, la genética, las principales plagas epidémicas y el progreso de la ciencia.

 

En 2012 se le otorga el título de “Caballero de la Orden Francesa de las Artes y las Letras”. Ese mismo año ejecuta instalaciones escultóricas de animales del océano. Posteriormente presenta la exposición “La Indiferencia”, en el marco de la XI Bienal de La Habana, Cuba, en la Galería Rubén Martínez Villena, y compone “Itinerario” en la Villa de Sassari, Italia.

 

Un año después exhibe “Les Insolites de Mauro Corda” en Château d'eau à Bourges, Francia; “El océano es de todos y para todos” en la Casa de Víctor Hugo y la Plaza de la Catedral en La Habana, Cuba, y en la Bienal UMAM en Chateau Grimaldi Museo en Cagnes-Sur-Mer, Francia.

 

Recibió, entre otras distinciones, el Premio Retrato Paul-Louis Weiller, obra realizada en mármol con una impronta rodiniana (1983), el Premio Paul Belmondo (1987); el Premio Charles Malfray de Dibujo (1989) y el Premio Fundación Princesa Grace de Mónaco (1992).

 
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