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Marcelo Salvioli. Carbonillas

Marcelo Salvioli

Del 08 de Marzo al 02 de Abril de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

 
 
 

TEMPLOS HERIDOS

 

Templos seculares se derrumban conmocionados por temblores que no son de la tierra, acto final de una tragedia.
Para representar este drama, Marcelo Salvioli utiliza medios pobres, papel, carbón y seguramente la palma de su mano.
Detrás está lo que sabe.  Una clara concepción del espacio, el despliegue escenográfico y lo más importante, la capacidad de expresar gráficamente sus ideas.
Por suerte aún queda, y cada vez más, un lugar en este mundo mercantilizado, transitorio y consumista, para que algunos artistas, dejando la superficie, entren en la profundidad de sus pensamientos.
Marcelo Salvioli no adhiere a las innumerables manifestaciones del arte de nuestra época, en que abunda lo vacío de contenido, pero que contradictoriamente quieren la permanencia de los Museos.
Él carga su trabajo de múltiples capas de significado.
Es muy difícil rastrear las verdaderas motivaciones de un artista.  Su relato es lo que vemos, en los signos que elige.
Son las ideas que nos muestra, monumentales edificios, quizás templos, seguramente lugares sagrados.  Construcciones heridas, que vienen de lejos y que nos remiten a las culturas mediterráneas.  Frontones, capiteles, columnas, basamentos, espacios que nos hablan de nuestros orígenes, de esas culturas en que Occidente encuentra su base, y sobre las cuales pudo construir lo que es. 
Y que sin embargo, a pesar de que con ellas aprendimos a pensar y a rezar, hoy vemos acorraladas.
Hace unas noches, el poeta y  pintor Rodolfo Relman me contaba que en una oportunidad Vittorio Gassman, de quien era amigo y colaborador, luego de un silencio, mirando sin mirar le dijo en voz baja: “El humanismo se nos está muriendo”. 
Entonces, dolorosamente, caen los templos y se incendian los cielos.  Y Salvioli hace arrastrar sus signos sobre la superficie del papel.
Queda, aquí y allá, el fantasma de lo que fueron, o -quién sabe- van a ser mañana, renovados.
Atravesando su discurso apocalíptico, nos llega hasta hoy un ángel antiguo que va hacia la luz, en el instante de atravesar la puerta de un nuevo destino.
Veo esto en los trabajos de Marcelo Salvioli, al que le basta papel, carbón y un poco de aguarrás. 
No encontraremos en esta manifestación un show, sólo un temperamento que arde en el conflicto cultural de nuestra época.

 

Guillermo Roux



SOBRE LAS CARBONILLAS (POR PAULO PEREZ MOURITZ, CURADOR JEFE, GALERÍA SPAZIO NUOVO, ROMA)

 

Con una docena de obras sobre papel, inéditas y en general de gran tamaño, el artista se presenta por en el C.C.Borges. Su trabajo impacta por la amplitud temática de sus obras. Su desconcertante dominio del dibujo es el medio por el cual ofrece una libertad y un potencial de transmisión de imágenes absolutamente original. En sus  carbonillas conviven el trazo espontáneo y vital de gran movimiento gestual junto a  una composición impecable.  La fuerza dinámica de la línea, su violencia subyacente y la precisión de sus composiciones,  nos proponen  una  tensión inédita y contemporánea.
 

MARCELO SALVIOLI  (POR ROSA MARÍA RAVERA)

 

En los dibujos que Marcelo Salvioli presenta en el Centro Cultural Borges –gouaches, acuarelas, carbonillas, óleo e instalación- algo se advierte de inmediato, ostensible. Un impulso arrasador que des-dibuja lo que con frecuencia se presenta como estructuras pseudoarquitectónicas, pero asimismo en interiores que no son nunca de contexto cotidiano, misteriosos. Aflora una voluntad de silenciar lo que los ojos están acostumbrados a percibir para hacer emerger algo. Otra cosa. Quizá se aspira a negar la apariencia mediante pistas enmarañadas, equívocas, en vías de aparición o desaparición, inclementes en el desasosiego de esa fenomenal combustión que preside los trabajos de Salvioli. Un dinamismo que se dilata elevándose, en los intersticios o en un sillón dominante en el que impera esa furia desatada, devastadora. No sabemos en qué consiste pero existe, como por ejemplo al modo de los  fantasmas.

 

Por lo pronto todo eso no es sino línea. Omnipresente, se destruye y a la vez se reconstruye con trazos rápidos, insistentes, repetidos, paralelos, a veces como líneas que caen transformadas en ‘Lluvia roja’.
Todo en Salvioli es mistérico. Hay enigmas alimentados con pasión surrealista. El ataque a las apariencias semeja la búsqueda de lo que estaría ‘detrás’, o en un fondo ignoto. Podría ser sólo un pretexto para exhibir el trazo destrazado pero no destratado, el proyecto de una línea lanzada en enviones que se abren y directamente se convierten en gestos y planos informales. Así en ‘Museo empetrolado’. Son varias las direcciones hacia las que se encamina este irreprimible impulso de hacer deshaciendo. Hay torres sin vigía. Una de ellas está en la cúspide de algo que se entreabre dejando ver una interioridad colmada de diversos pisos con sucesivos derrumbes, mientras lo más alto se balancea, peligrosamente. No menos surreal es  una obra sin nombre donde un complejo arquitectónico -algo desvaído pero muy estructurado-, se enfrenta con… el Desastre, quebrado en dos. ¿Anticipo de lo que va a venir? Quién sabe.

 

¿Y el sillón? Otra línea, aún más espantable, ‘figurando’ lo que ha desaparecido o lo que está en vías de serlo. Pero están detrás los pies. Siempre los pies, siempre el rojo. Convengamos que aquí alumbra una narrativa a la que por lo visto Salvioli se ve tentado. A todas luces un racconto implícito, pura visibilidad metafórica. Al fin y al cabo no podía ser sino la apertura de la ficción a la que él está acostumbrado en el teatro, siendo uno de los más reconocidos escenógrafos del país. Dos modalidades, por lo menos. Una lo arrastra hacia la no presencia, la otra lo encamina a la escena, al drama. Quizá no estén separadas. No sabemos.

 

Este artista es capaz de crear real incertidumbre. No podemos omitir que en todo lo que hace logra posicionar lo  que cobra espacio indisimulado, el gesto de un sujeto, de él, Salvioli. Gesto de des-organizar lo que se enrola en dirección a sendas precisas. ¿Qué quiere? Arremeter contra las formas, expresar lo inexpresable, deshacer la apariencia, pero no la presencia. Hay una fe en esto, parece. Querer hacer aparecer algo que no está pero es. ¿Qué es? Se lo preguntaremos.

TEXTO CURATORIAL

 
  • Pelusa Borthwick

MARCELO SALVIOLI, 2007-2012. CARBONILLAS

 

Las obras que Marcelo Salvioli pesenta en su primera muestra personal del CCBorges, poséen una paticular dualidad: al tiempo que son totalmente originales transmiten un sentido de universalidad,  que está fundado en un humanismo perenne. En ellos hay algo ya sentido, como una dimensión diferente del dejá vu.

 

Sus grandes composiciones toman el riesgo de presentar elementos plásticos opuestos entre si en un equilibrio inestable. Esa exacta dósis de armonía, los hace vibrar a los ojos del espectador, generando la dinámica propia de su dominio del espacio como la de la fuerza y la violencia de su trazo.

 

No hay síntesis en Salvioli, hay esencialización de los elementos plásticos.

 

Pelusa Borthwick

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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