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Liliana Trotta | Retrospectiva

Liliana Trotta | Retrospectiva

Liliana Trotta

Del 22 de Agosto al 13 de Septiembre de 2015 - Inaugura: 12hs  - Entrada: $ 10.- mie gratis

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La Ley del corazón
 
A Liliana Trotta no le atraían para sus figuraciones, temas solemnes o prestigiosos: esas visiones regidas por la pulcra meticulosidad y el lujo, que  siempre  emergen  de  la  mentada  y  lamentable  noción  de  “buen gusto”. Habitada por un fuerte sentimiento barroco latinoamericano, que también mantiene significativos vasos comunicantes con el arte popular, la artista, apelando a una estética “primitiva” – donde la realidad desborda lo representado- nos pone frente a una constante invitación al juego, en el que se imbrican presencias, memorias, animales, plantas, espejos y aparecidos, regidos por la ley del corazón.
 
Al respecto, las imágenes de Trotta, me llevan a evocar aquella afirmación de Jean Dubuffet – padre del art-brut- cuando dijo: “un cuadro no se edifica como una casa partiendo de las cotas de los arquitectos, sino de espaldas al resultado, ¡tanteando, a reculones! Palabras que podrían conjugarse con el pedido de Ernesto Deira – al comienzo de la aventura neo-figurativa- cuando reclamaba para el hacer artístico “inocencia y virginidad”. Tener a la vista la obra de Trotta permite apreciar que aquellas palabras resuenan como un bajo continuo en cada una de sus imágenes.
 
No obstante las transformaciones formales que a lo largo de casi tres décadas manifiestan los trabajos de la artista desplegando pinturas, dibujos, grabados, objetos e instalaciones -realizados con los más heterogéneos materiales-  sus  visiones se encaminan coherentemente al mismo punto: dirigir su mirada a cuanto la rodea, con la certeza de que en esa realidad cotidiana, para nada exótica, gloriosa o enfática, se encuentran los enigmas y las claves, que serán su materia prima, extraer y convocar las  transfiguraciones visiones, que re-descubran sus imprevisibles aspectos.
 
Poniendo en obra vigilia, inspiración y sueño, Trotta propone un imaginario en el que, si por momentos aparecen como una clara celebración los mitos argentinos Evita y Gardel, en otros se hace eco de esos climas ambiguos en el que la figura se revela como descentrada en esas atmósferas donde pareciera interrogarse acerca de su existencia. Tal es el caso de la candorosa Margarita, recurrente personaje – que acaso sea un doble de la artista – en sus magníficas secuencias.
 
Cargada  de  fiestas  y  secretas  conmemoraciones,  la  saga  de  Liliana Trotta, configura un inequívoco territorio, que sumerge en un halo de atemporalidad a quien se decida a transitarlo. Mientras tanto debemos agradecer el goce y el privilegio de haber asistido con la emergencia de esta obra, al despliegue de una subjetividad excepcional, que en estos momentos de vaciamiento, nos propone un deslumbrante diálogo con nuestro legado histórico y con nuestra herencia simbólica.
 
Raúl Santana
Marzo del 2015
 
Liliana Trotta. La imagen como credo
 
Se tejió a sí misma una crisálida de belleza, fue empollándose reina, quién lo hubiera creído. Santa Evita, Tomás Eloy Martínez.
 
Virginia Woolf reclamaba, desde una perspectiva feminista, un cuarto propio. Un espacio, que además implicaba un tiempo para la práctica artística. Significativamente y atendiendo a la distancia recorrida por las artistas, Liliana Trotta también reclamaba: “guardar en grandes cuartos mi obra”. Esta petición tiene que ver esencialmente con el deseo, con el acto iniciático de la creación. La producción de Trotta se constituye en un universo absolutamente único, análogo en sus planteos y donde se pueden observar más que líneas temáticas, sus obsesiones propias. De allí que la misma pueda leerse como un manifiesto de su vida, gustos y predilecciones y también de sus compromisos personales.
 
El conjunto de sus realizaciones es amplio y apela a diversas técnicas como pintura, dibujo grabado, collages, objetos e instalaciones. Pese a esta riqueza de tratamientos de la imagen se encuentra, sin embargo, un núcleo  coherente en su procedimiento. Más allá de las cuestiones recurrentes hay un “estilo Liliana Trotta” y que tiene que ver con su modo de acercarse al mundo, de explorar la vida y de expresar sentimientos, que se vuelcan en sus adorables composiciones.
 
De allí que existe en ellas una unidad absoluta entre forma y contenido, constituyéndose ambos en una entidad absolutamente inseparable. Esa relación íntima y hasta pudorosa de expresar su mundo personal se exhibe también a través de un lenguaje propio. En algunas ocasiones sus trabajos se presentan  sueltos, ligados a la condición de mancha, sin límites lineales que cierren a las figuras, con una paleta desaturada y en valores altos y en otras sus personajes van adquiriendo una corporeidad plástica por medio de la línea de contorno y del empleo de colores planos, saturados y llegando a combinaciones absolutamente originales.
 
Mención aparte merecen los protagonistas de sus creaciones. Todos ellos se presentan  con  una  idiosincrasia  definida  y  que  pertenecen  al  núcleo  íntimo del afecto de su autora. Transitan entonces a lo largo y ancho de sus telas aquellos argumentos centrales de su universo particular: los animales en peligro de extinción, la pareja, el amor.
 
Pero también emergen otras cuestiones más complejas como su alter ego en la niña Margarita o las personalidades, que desde una elección particular, Trotta emplea para   reflexionar sobre nuestra historia mítica. Desde este espacio son convocadas las figuras de Carlos Gardel y de Eva Duarte y que dieron origen a diferentes series dentro de sus realizaciones.
 
Podría trazarse entonces, un camino entre las dos protagonistas femeninas de las obras de Trotta y que se inicia con Margarita y finaliza con Evita, y que recorre sus diversas etapas existenciales y creativas.  La primera de esas  series tiene que ver con lo desprejuiciado de la infancia y con la posibilidad de recuperar desde la propia historia  la capacidad lúdica del arte.
 
Y también está Evita,  esa creencia subyacente a lo largo de su vida y que transformó en “el  mito que continúa”. Ese cuerpo, que fue y es, una cuestión central en el pensamiento y sentimiento nacional y que por medio de una apropiación simbólica se transformó en Santa Evita. Éste es el que escoge Trotta  como asunto privilegiado en el conjunto de obras que le dedica, resaltando en ellas la asociación religiosa que establece desde una perspectiva del culto popular al apropiarse   de la idea de altar doméstico.
 
La representación de Eva funciona entonces como una imagen devocional, en algo privado y aún más, como una suerte de ex voto, última forma de agradecimiento y de recuerdo incluso más allá de su carácter nacional. Adentrarse en el mundo de Liliana Trotta es introducirse en otra dimensión: la que existe más allá de todo canon, de toda forma preestablecida y que invita a sacar a ese mundo interior que flota eternamente en  cada espectador de sus originales obras, ese terreno de fantasía donde se permite, aún, creer.
 
Mgter. Silvia Marrube
Área Investigación y Archivo de Arte Argentino Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus