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Jonquières: 50 años después, de París a Buenos Aires

Eduardo Jonquières

Del 11 de Agosto al 09 de Septiembre de 2012 - Inaugura: 12hs  - Entrada: $ 1.- Mie y Sáb gratis

 
 
 

Se exhibirán alrededor de 40 obras, entre pinturas y dibujos, provenientes en su gran mayoría del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata (MACLA).

 

Eduardo Jonquières comenzó su actividad como pintor y dibujante en la década del `30 mientras, en forma paralela, incursionaba en la vía de la expresión poética. Su relación con Julio Cortázar, a quien conoce en la Escuela Normal Mariano Acosta, se potencia y retroalimenta a través de los años en un intercambio cómplice y por demás fecundo, tanto a nivel humano como artístico.

TEXTO CURATORIAL

 

.Eduardo Jonquières

Quiero que la maravilla de la primera vez sea siempre la recompensa de mi mirada.

 

La obra de Eduardo Jonquières moldea un pensamiento estético de intensa sutileza, tanto en el dominio de la expresión poética como en el campo del dibujo y la pintura. Por lo tanto, la iniciativa que asume el Museo Sívori es una oportunidad que permite reactualizar su aporte a la historia del arte argentino y poner en foco una obra que merece reinsertarse en nuestro medio.

 

El conjunto de obras que ahora se exhibe, proveniente en su mayor número del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata, MACLA, permite mostrar un desarrollo donde, junto a la poesía, Jonquières organiza un universo estético propio, inconfundible y de mutua reciprocidad. En esta línea de interrelación nos interesa exponer también testimonios de la amistad fecunda entre Eduardo Jonquières y Julio Cortázar como forma de visualizar al primero desde la perspectiva del segundo y posibilitar un encuadre de relaciones interdisciplinarias entre poesía y pintura.

 

Bajo el prisma cortazariano sabemos lo importante que fue la poesía para Jonquières y el valor que Cortázar le asignaba como poeta del temor y del temblor capaz, como él suponía, de llegar a un territorio de síntesis para arribar a la intuición del núcleo, del fuego central.

 

El escritor está haciendo referencia a Pruebas al canto –poemario editado en 1955- un momento en el que el artista trabaja en obras casi abstractas que lo destacan ya como el gran colorista que se afirmará con el tiempo y que preludian la desnudez que poco a poco irá dominando su proceso creativo. Con el transcurso de los años, la pintura se hará cada vez más despojada en busca de un espacio de conjunción de formas y colores entendido por Cortázar como limpio recinto de la línea, cartografía de final de viaje.

 

Con la publicación de La sombra, su primer poemario de 1941, Jonquières aportará a sus inicios como pintor una dimensión nueva de la expresión artística. A este volumen inicial le seguirán, hasta el año 1965 con la aparición de Zona Árida, seis poemarios que, junto a la pintura y al análisis teórico de la creación estética que realiza tras las huellas de Paul Valéry, Georges Gusdorf o Vicente Fatone, -autores a quienes lee con atención desde los años cuarenta-, lo orientan hacia la búsqueda de lo inefable. En este propósito, el fenómeno de la creación se le aparece tal como a Valéry, infinitamente misterioso e infinitamente deseable.

 

La relación entre Cortázar y Jonquières encuentra en el arte el espacio privilegiado para un intercambio cómplice de las incursiones museísticas del escritor. Seguramente Cortázar ya conocía las que Jonquières había realizado en su primer viaje a Europa, en 1939.

 

Es así como se permite confesarle su admiración por las obras de Henry Moore y Ben Nicholson en la Tate Gallery, o el descubrimiento de la pintura cubista que el escritor había podido entrever en las páginas de los libros que Jonquières le proveía en sus épocas de estudiantes en Buenos Aires. Es éste quien inicia a Cortázar en el dominio del arte moderno, dato revelador que no conviene pasar por alto en la lectura de su epistolario.

 

Es a Jonquières también a quien, cuando Cortázar hace un balance de su vida, interroga: ¿ser capaz de mantener intacto el amor a Picasso y a la vez admitir el menudo horizonte de un Pacenza, es pérdida? En esta admiración por el arte moderno subyace tanto el reconocimiento de la pintura argentina como la revelación de surecuerdo por las obras tempranas de Jonquières, cuyo testimonioelocuente encontramos en un autorretrato de 1939. Se trata de unóleo que integra esta muestra, en el que el pintor se representa juntoa un paisaje despojado y de intensidad poética extrema donde bienpuede verse un tributo al pintor de la Boca. Esas mismas cartaspermiten aventurar de igual modo la hipótesis de que Cortázar sigueel curso del arte moderno tras la guía de Jonquières. De hecho, en1955, cuando admira una exposición sobre cubismo en el Museode Arte Moderno de París y le recuerda que fue él quien le develóen Buenos Aires ese movimiento en las páginas de una edición deMaurice Raynal, lo señala como su iniciador en el conocimiento dellenguaje pictórico.

 

Eduardo Jonquières comenzó su actividad como pintor y dibujante en la década del `30 mientras, en forma paralela, incursionaba en la vía de la expresión poética. Su formación estuvo jalonada por los estudios realizados en la Escuela Normal del Profesorado “Mariano Acosta” al que le siguieron los años transcurridos en la Escuela Nacional de Bellas Artes y luego su radicación definitiva en París en 1959, donde tuvo oportunidad de mantener contacto permanente con artistas, críticos y escritores como Luis Seoane, Damián Bayón, Luis Tomasello, Saúl Yurkievich, Alicia Penalba, Roberto Aizemberg, Gregorio Vardánega, Marta Boto, Antonio Seguí y Carmelo Arden Quin, entre otros.

 

Las pinturas y los dibujos de sus años iniciales ponen de relieve su interés por una figuración regulada por una concepción geométrica, cuyos aspectos formales y estructurales de paisajes y figuras son ya una preocupación recurrente. De igual modo, la voluntad de síntesis lineal y los estudios sobre el color irán conquistando cada vez mayor territorio para ocupar un lugar central en sus obras posteriores. Luego de las experiencias figurativas tempranas y sus primeras abstracciones que, si debemos determinar paternidades, reconoce en su genealogía la herencia cézanneana, los principios estéticos de la Bauhaus y la corriente de arte concreto argentino e internacional, Jonquières inició en los años `50 un riguroso análisis de la no figuración. Continuó este camino hasta llegar a constituirse en un referente destacado de la pintura de hard edge, en cuya conquista, el reemplazo de la pintura al óleo por el acrílico le garantizó mayor perfección para la definición de los planos cromáticos.

 

En 1987 declara con convicción teórica y claridad conceptual lo que parece ser la única obsesión en sus pinturas desde mediados de los `70: la conquista de un rigor formal absoluto obtenido mediante líneas precisas que definan campos de color nítidos. Sin embargo, y consciente de que esta postura podría sujetarlo a una matriz excesivamente racional, Jonquières acentúa el valor del color como territorio de combinaciones infinitas donde las especulaciones se amplían hacia zonas de insospechados resultados, liberando así la potencialidad sugestiva del pigmento. Siempre en el dominio del color puro, sin modulaciones y, por consiguiente, sin sombreados, los azules, grises, rojos, violetas o verdes se combinan en variaciones infinitas organizados en estructuras rigurosas. Una vez dispuestos en la superficie de la tela, quedan activados por el estímulo perceptivo del ojo, estimulado por el magnetismo de quien pinta para llegar a la conquista de la esencia.

 

Finalmente, en una comparación donde la palabra queda investida de un poder renovador, Cortázar, tan agradecido siempre por la recompensa de la mirada, metaforizó: tus cuadros son antes imanes que ventiladores. Esta imagen invita a pensar cuál es la impronta de la visualidad de Eduardo Jonquières en su concepción del arte. Y tal vez sea su capacidad de capturar al espectador en la omnipresencia neutra de la pintura, eliminando toda circunstancia exterior, a través de la sustancia misma e irrefutable de su propia naturaleza, desnuda, y por ello mismo, cautivante.

 

Malena Babino

Julio de 2012

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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