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Gestuales

Gestuales

Bea Ferretti

Del 09 de Mayo al 02 de Junio de 2013 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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Bea Ferretti: Conquistando el equilibrio.


Imagino el momento en que un ser humano o varios, aprovecharon un tronco o una piedra apoyada horizontalmente sobre otras dos soportadas en forma vertical. Tal vez estaban copiando la forma de la cueva que les daba refugio. Sin saberlo comenzaba el camino de la arquitectura.


Puedo imaginar la fuerza de esos hombres y mujeres, repitiendo el hallazgo: la oposición de un freno a la caída obvia de un objeto pesado. La erección de un soporte que logre burlar aquello que luego llamaríamos: la gravedad.

 

El primer saber que los ponía más allá de las bestias. Casa, hogar, protección y además solución  técnica superando el mero saber del instinto.
En algún lugar de nuestro cuerpo, en alguna zona del cerebro nos queda grabada la experiencia: haber conquistado el equilibrio.


El arte de sustentar: ábaco, columna, aparejo, arbotante, basa, fuste, capitel, pared, contrafuerte, jamba, muro, pechina, pilar.

 

El arte de cubrir: bóveda, arco, cúpula, arquitrabe, clave, cubierta, dintel, techo, viga.


Vertical.
Horizontal.

 

Es necesario observar aquí que Bea Ferretti es arquitecta. Muchos arquitectos se han destacado como artistas plásticos y el de ella también es un ejemplo, pero con una particularidad:
La rigurosidad del cálculo a que obliga la profesión casi siempre es compensada con un despliegue notable de libertad al experimentar las artes plásticas. Esto produce un alejamiento de las referencias a los contenidos de la arquitectura. Ella parece realizar un camino conciliador e inverso avanzando sobre el riesgo, a medida que sus propios cimientos se fueron afianzando.


En su proceso de trabajo anterior, que venimos siguiendo, podemos subrayar este fenómeno: Ferretti comienza con un ejercicio de gestualidad en principio aplicado a una imagen que proviene del mundo. Una imagen donde el paisaje urbano es tratado desde un movimiento corporal que deja su huella en los empastes y las marcas energéticas de la pincelada. El edificio, su exterior o interior, en esos trabajos se mantenía aún presente como tema. Pero todo ese gesto estaba madurando un nuevo paso.

 

La artista parece desandar el camino de la humanidad para devolvernos la experiencia inicial, el enfrentamiento del momento de percepción interior de esas fuerzas que se intentarían dominar.
Olvidar lo sabido, dejar que el cuerpo piense, confiar más en el hallazgo que en la búsqueda.

 

Para eso hace un vaciamiento del relato, se deshace de las piedras, del peso.
Abandona la necesidad representativa alejándose del edificio pero atrapando con su gesto pictórico la esencia que lo mantenía en pie.
Lo que va quedando de esa renuncia es cada vez más, la trama pura de la percepción interior del equilibrio.

 

Vertical.
Horizontal.


Muchos de los trabajos comienzan, como en la arquitectura, con una especie de piedra fundamental. Recurre a la ortogonalidad de viejas hojas de libros pegadas a la manera del collage pero pareciera ser que sólo le interesan como metáfora de esa piedra que se ha desplazado.
Por lo que sigue, la pintura avanza sobre el papel pegado dejando sólo indicios de su presencia superada por el nuevo sentido hallado.

 

El color se mezcla en la energía del gesto como un estuco vital, que respira el ritmo del mismo movimiento que le dio origen.
Ese empaste que en algunos lugares muestra el paso untuoso de un color a otro, el desgarrado no estar todavía allí del despliegue cromático, refuerza la idea de la percepción del momento prístino.

 

Todo el secreto del equilibrio recolectado por la experiencia interior de la humanidad parece venirnos de un solo vistazo, se activa en nosotros esa zona del saber, casi memoria de músculos y huesos.


Al despojarse de toda referencia representativa nos impide aferrarnos a una anécdota que de algún modo nos conformaría dejándonos en lo superficial, al contrario esta pintura nos sacude porque se apoya en lo más profundo de la estructura de nuestra experiencia ancestral.

 

El espectador no puede quedar pasivo ante semejante reto. O lo esquiva, resbalando por su cara visible, o acepta el abrirse visceral que provoca la pintura y su gesto.
No sin encontrar que el pretendido equilibrio es sólo búsqueda de tal, mareo en el intento, vértigo primordial.


Lic. Luis Espinosa

 

 Bea Ferretti. La pintura como escritura

 

“La escritura pictórica es en suma un satori, es un seísmo más o menos fuerte- nunca solemne- que hace vacilar al conocimiento.”
                          Roland Barthes                                                                                                            

 

Es indudable que la disciplina pictórica como lenguaje visual posibilita una comunicación directa con el contemplador.
Es a través de la percepción, que nuestro imaginario puede movilizarse con la capacidad de un vuelo inmediato, y nos ubica ante el fenómeno creativo.
La articulación de los elementos plásticos, la singular concepción de una subjetividad en tránsito, está comprometida.

 

El criterio del artista en cuanto a seleccionar la serie pictórica a exhibir, ayuda a comprender un silabario que se extiende paulatinamente con múltiples voces.
Las cualidades cromáticas se expresan con una armonía que gradualmente nos interna en la subjetividad del creador, produciendo una concordancia poli-sensoria. Es el pincel o espátula, los instrumentos que resuelven a través de la mano de la pintora, un conjunto de rasgos y rastros imprecisos, componiendo esa obra en el tiempo existencial de quien la ejecuta. Siempre veremos una inscripción generacional que constituye la contemporaneidad del lenguaje plástico.

 

Bea Ferretti ha demostrado en esta exhibición, una gestación pictórica sensible, un ensamble con variabilidades visibles en el campo visual, sujeto a un cierto ritmo ortogonal.
La variación serial se evidencia en la materia untuosa no homogénea, con notables empastes que, colocados como gestos espontáneos, muestran las alteraciones de un sentimiento, de un ritmo interno. Capitalizando el lenguaje de la abstracción, su obra contiene una variabilidad expresiva de sutiles cromatismos. Cada pieza pictórica es un mundo abierto a una emoción diferenciada, colocando el acento en un “tonal”, sea cromático, luminoso, o textural.

 

De esta manera propone claves para mirar y percibir pequeñas músicas de cámara con tonos altos luminosos, y bajos sonoros. Estas piezas en sus variabilidades expresivas poseen un encanto especial, atraen misteriosamente al contemplador.

 

Maestros como Basia Kuperman y Miguel Angel Giovanetti,  aquilataron las capacidades latentes de quienes fueron sus discípulos. Veremos en esta muestra una excelencia que, sin duda, atraerá al público por su seriedad ejecutiva y por una selección y montaje efectuado con acierto. La presentación anterior de Luis Espinosa también agudiza la observación sobre la actual producción de esta interesante pintora que se presenta en el Centro Cultural Borges.

 

                                                                                                                                                       Rosa Faccaro
Miembro de la Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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