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El Pop Art en la Colección del IVAM

El Pop Art en la Colección del IVAM

Participan en la Colección del IVAM

Del 06 de Octubre al 22 de Noviembre de 2009 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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En el Museo Nacional de Bellas Artes se presenta El Pop Art en la Colección del IVAM, un conjunto de obras pertenecientes al Instituto Valenciano de Arte. Esta exposición es el resultado de una coproducción entre la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (SEACEX) y el IVAM.
 
Los curadores de la exposición Consuelo Ciscar, directora del IVAM y William Jeffet, conservador jefe del Museo Dalí de Saint Petersburg, Florida, USA seleccionaron 59 obras que incluyen pintura, fotografía, estampa y escultura. Los Artistas exhibidos son figuras representativas de este Arte nacido en el Reino Unido, que alcanza su máximo desarrollo en los Estados Unidos.
 
Se habla de tendencia, por la existencia de diversas manifestaciones internacionales, que van desde los precursores británicos como Richard Lidner o el Independent Group con Robert Hamilton y los estadounidenses, Jasper Johns, Robert Rauschenberg y Claes Oldenburg, al Nuevo Realismo y Nueva Imagen con obras de James Rosenquist y la Figuración Narrativa con obras de Gilles Aillaud y Eduardo Arroyo.
 
El Realismo Crítico está representado por la obra de Equipo Crónica, Equipo Realidad y Juan Genovés. La muestra incluye las fotografías de referencia cinematográfica de Cindy Sherman y John Baldessari. El Pop Art se origina en las grandes ciudades, alejado por completo de la naturaleza y utiliza imágenes conocidas con un sentido diferente para lograr una postura estética.
 
Da origen a la expresión 'American Way of Life' concepto que, según Richard Hamilton, encierra lo 'efímero, popular, barato, producido en serie, joven e ingenioso', que se impone universalmente Para Consuelo Ciscar el pop es el resultado de un estilo de vida, la manifestación plástica de una cultura, caracterizada por la tecnología, la moda y el consumo. En la cultura pop el arte deja de ser único convirtiéndose en un objeto más de consumo.
 
La colección del IVAM propone una mirada amplia y exhaustiva sobre el Arte Pop y destaca su influencia en la creación contemporánea más reciente. El enfoque se centra en aquellos artistas españoles influidos por esa tendencia. Las estrategias del pop brindaron un marco visual y teórico para la reflexión política y social del presente y facilitaron la pervivencia del pop en formulaciones post o neo. El Pop Art, en su sentido más amplio, legó a las nuevas generaciones una narrativa que aún hoy sigue siendo vital para las aspiraciones de los movimientos artísticos emergentes.

TEXTO CURATORIAL

 
Arte, sociedad e iconos
 
El espectáculo, tal como afirma Debord, señala el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida social. La relación con la mercancía no sólo es visible, sino que es lo único visible: el mundo que se ve es su mundo. El espacio social es invadido por una superposición continua de capas geológicas de mercancías. El consumo alienado se convierte para las masas en un deber añadido a la producción alienada. Todo el trabajo vendido de una sociedad se transforma globalmente en mercancía total cuyo ciclo debe proseguirse.
 
Es una evidencia que el concepto de sociedad de consumo está ligado al de economía de mercado y, por ende, al capitalismo. En este sentido, a principios de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos emerge tras el triunfo de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la tecnología, y configura una sociedad que alcanza niveles de bienestar y confort nunca antes soñados por la humanidad. Ha nacido el American way of life, y con esta categoría ­­la sociedad del consumo arranca desde Norteamérica con intención de universalizar ese concepto.
 
Fue sobre todo, de una manera más estandarizada, cuando a principios de la década de los setenta se anunció una etapa empresarial de orientación al marketing, ya que el sector industrial se percató de que los deseos y necesidades del consumidor conducían todo el proceso económico. Ya no era la primera preocupación de la empresa vender lo que producía sino crear adicción social de sus productos para ampliar la demanda.
 
Una serie de artistas, que se identificaban con el fuerte patriotismo que encerraba esa etiqueta del “nuevo estilo de vida americana”, desearon experimentar desde los elementos que la sociedad ponía a su alcance. En todo el país aparecen síntomas de una generación de jóvenes que tratan de ser distintos a su generación anterior. Desean romper los modelos del pasado y crear sus diferentes normas de juego en las artes.
 
Dentro de esta generación, se encuentran grupos distintos como los poetas beat o los artistas del pop art, diversos en sus ideas, pero ambos cobijados bajo los elementos cotidianos de su experiencia con la vida, con las cosas del día a día para convertirlas en metáforas. Fuera de Estados Unidos corrientes pegadas a la realidad doméstica aparecen también por la Vieja Europa como la nouvelle vague en Francia o el neorrealismo italiano en el ámbito del arte cinematográfico. La diferencia de estas corrientes con el pop art es que no buscan en el sistema mercantil su primer y más fuerte aliado sino, por el contrario, su denuncia.
 
El pop art es un movimiento artístico surgido al final de los años cincuenta en Inglaterra y caracterizado por el empleo de imágenes y de temas tomados del mundo de la comunicación de masas y aplicados al arte de la pintura. El término fue empleado por primera vez por el crítico británico Lawrence Alloway en 1962 para definir el arte que algunos jóvenes estaban haciendo, utilizando imágenes populares dentro del arte.
 
Puede afirmarse que el pop es el resultado de un estilo de vida, la manifestación plástica de una cultura (pop), caracterizado por la tecnología, la democracia, la moda y el consumo, donde los objetos dejan de ser únicos para producirse en serie. En este tipo de cultura también el arte deja de ser único y se convierte en un objeto más de consumo.
 
A este respecto el máximo exponente del movimiento pop, Andy Warhol, afirmaba que “la razón por la que pinto de este modo es porque quiero ser una máquina.” También es simbólica la afirmación de Richard Hamilton con respecto a su deseo de que el arte fuera “efímero, popular, barato, producido en serie, joven e ingenioso”.
 
La significación del arte puede ser relativa a la defensa de los ideales, de los sueños, de las necesidades y de las preocupaciones del artista en su esfera social. La intención puede ser la de dar un mensaje de rebeldía o ayudar a los contempladores a adquirir conductas más flexibles hacia la tolerancia; la de despertar el sentido crítico de la sociedad o, contrariamente, apoyar a la tradición, las convenciones, la defensa del orden social inmutable. El quehacer artístico como un medio para expresar la realidad, el sentir y las expectativas de los diferentes sectores que constituyen la sociedad.
 
En este sentido, los artistas estadounidenses más representativos que inician la tendencia pop norteamericana, Andy Warhol y Roy Lichtenstein, hacen suyas estas expectativas desde un prisma industrial y democrático. Sin embargo, debemos tener en cuenta que Jasper Jonhs y su inseparable compañero de trayectoria artística, Rauschenberg, son unos de los artistas de primera fila de la generación posexpresionista del arte moderno americano, que forman parte incuestionable del origen del arte pop.
 
Como vengo diciendo, es un movimiento que subraya el valor iconográfico de la sociedad. Un arte popular que toma del pueblo los intereses y la temática. Los objetos industriales, los carteles, los embalajes y las imágenes son los elementos de los que se sirve. Es un arte eminentemente ciudadano, nacido en las grandes urbes, y ajeno por completo a la naturaleza. Utiliza las imágenes conocidas con un sentido diferente para lograr una postura estética.
 
Hubo un lugar que se convirtió en el centro neurálgico del pop art en su vertiente de desarrollo estadounidense, lugar de peregrinación de todos los artistas que deseaban experimentar con las nuevas fórmulas de entender el arte. Fue en Nueva York, su creador Andy Warhol, y al lugar lo llamaron “The Factory”, un espacio de experimentación mediática.
 
The Factory, fue un espacio permisivo de contracultura que no tenía nada que ver con esa otra escena artística y bohemia del Village que estaba más próxima las clásicas convenciones, pero también más cercana a la génesis rigurosa del pop art como corriente de ruptura. Warhol, se paseó entre el arte y la industria desde esta atalaya para la experimentación donde se destacó como pintor, dibujante, grafista, cineasta, fotógrafo, productor musical, empresario y estrella mediática.
 
Así, muy en aquella línea dadá que estaba en el antecedente del pop art, The Factory sirvió de base para ese inicial cine medio verité de Warhol en el que se negaban las convenciones de la narración fílmica a través de estructuras minimalistas, perspectivas invariables y montajes alejados de cualquier requerimiento sobre el tiempo y la imagen.
 
Teniendo estas premisas en cuenta, la Colección del IVAM, dividida en torno a diversos ejes como la fotografía, las instalaciones y nuevos medios, el pop art y la abstracción, se detiene en distintas épocas históricas dotando de la misma importancia a los lenguajes artísticos.
A pesar de que el pop art nace a la par en el Reino Unido y en los Estados Unidos, en España tiene una réplica importante con el Equipo Crónica, equipo que se adentra por este movimiento con una idiosincrasia muy particular. Lo hace desde una crítica de la sociedad, ya que utiliza y manipula imágenes mediáticas para desde un inicio provocar un interés crítico. Es decir, Equipo Crónica, manipula lo ya manipulado para producir efectos significativos nuevos que fuerzan al espectador a una nueva reflexión.
 
En toda su obra hay una reivindicación y apuesta hacia el trabajo colectivo más que a una línea de acción individual. Equipo Crónica, con este modo de proceder, elimina la individualidad ligada a la tradición artística.
El problema es que los estereotipos evocados por los mass media, creados con la urgencia y velocidad de la sociedad de consumo, se estructuran con una intención deformativa. Es decir, los medios de comunicación, quienes podrían bien cumplir el papel de mediadores entre el conocimiento y la sociedad y representar una realidad más “presentativa”, deciden no entrar en ese juego.
 
En este sentido, el estereotipo juega una función siempre persuasiva en su retórica y composición. Convierte algo complejo en algo simple. Es un complejo reduccionista que suele causar distorsión. El estereotipo siempre beneficia a alguien en la función ideológica que desempeña al servicio de la cultura o el sistema dominante. Así pues, los estereotipos limitan nuestros modos de ver el mundo. El Equipo Crónica, a mi modo de entender, muestra un firme deseo de desmontar esas construcciones organizadas como verdades únicas y las cubre de otras verdades que en paralelo afectan a la sociedad y tienen más interés que el espectáculo como mero espectáculo.
 
Generalmente al equipo formado por Valdés y Solbes, se le adscribe a la corriente de arte pop, pero lo cierto es que, en sus manos, los recursos habituales de esta tendencia ( tintas planas, utilización de imágenes tomadas de los medios de comunicación o de otros depósitos visuales de la cultura de masas) son meras herramientas que, combinadas con elementos de muy distinta naturaleza, dan lugar a una obra con palpable vocación crítica con el sistema ya que surge también como contrariedad al individualismo.
 
Volviendo a los orígenes del pop y a esa naturaleza que lo caracteriza por encontrar en lo cotidiano su máximo exponente reivindicativo, puedo decir que ciertamente lo doméstico siempre ha estado ligado al arte de todos los tiempos. Ya el teatro de Aristófanes ponía de relieve, en clave de comedia y con una impostura cínica, algunos de los asuntos de la vida pública de la Atenas Clásica. La pintura del gótico nos muestra parejas ante el espejo (El matrimonio Astolfi); la pintura del Renacimiento nos sitúa ante mesas con alimentos (La Última Cena); la pintura del Barroco nos revela herramientas de trabajos comunes (La fragua de Vulcano); etcétera. Es cierto que conforme nos vamos acercando a la contemporaneidad esos elementos que se vislumbran en los lienzos cada vez son más íntimos, más personales, más despojados de una carga estética entendida desde los cánones clásicos. Toman forma aislada, salen de una escena, de una coreografía conjunta para cobrar independencia y que el objeto sea el protagonista de todas las miradas.
 
Cartas de juego, botellas, carteles…en el impresionismo forman parte del imaginario principal del lienzo y de los carteles publicitarios. Periódicos, libros, cafés, duchas, inodoros… forman parte de los objetos de las obras que aparecen en las vanguardias. A partir de los sesenta con el pop art se reinterpretan los iconos creados por la industria del entretenimiento, se busca que ese nuevo objeto, ahora artístico, tenga un valor añadido y al alcance a toda la masa social. Que todo el mundo pueda obtener un pedazo de arte en casa.
 
La cultura de masas consigue fabricar a gran escala, con técnicas y procedimientos industriales, ideas, sueños e ilusiones, estilos personales, y hasta una vida privada en gran parte producto de una técnica, subordinada a una rentabilidad, y a la tensión permanente entre la creatividad y la estandarización; apta para poder ser asimilada por el ciudadano de clase media. Los ciudadanos griegos veían en el Olimpo, lugar donde vivían sus mitos, su verdadera identidad. El pop art, su industria, el marketing, la cultura de masas, el entretenimiento… convierte a Hollywood en el centro donde la sociedad debe mirarse para conocer sus mitos, sus verdades identitarias. El público se aproxima mediante símbolos creados en forma de narraciones fílmicas, carteles, teleseries, leyendas publicitarias, música, pósters, cómics… en los que fijarse para construir su realidad social.
 
Hoy día el mito lo siguen dando los modelos narrativos, los lenguajes estéticos que ofrece la comunidad del entretenimiento. Por esta razón la sociedad moderna no es capaz de organizar unos mitos sólidos, el individuo se desconcierta, no sabe donde recurrir para dotar de realidad a su vida.
La ciencia y el conocimiento se ponen al servicio de la producción de unos valores y símbolos estereotipados. Los tres pilares fundamentales de esta cultura son: una cultura comercial, una sociedad de consumo y una institución publicitaria.
 
De este modo, una mirada al pop art a través de la Colección permanente del IVAM, con artistas tales como Valerio Adami, Anzo, Eduardo Arroyo, Richard Bosman, John Chamberlain, Equipo Crónica, Equipo Realidad, Luís Gordillo, Öyvind Fahlström, Alberto Greco, Richard Hamilton, Jasper Johns, Claes Oldenburg, Yves Klein, Alex Katz, Sigmar Polke, Richard Prince, Robert Rauschenberg, Josep Renau, Gerhard Richter, Hervé Télémaque, Cindy Sherman, Joan-Antoni Toledo, y Darío Villalba, es un acercamiento directo a la realidad, en su manera de abordar con sensibilidad su entorno mas inmediato. Autorretratos, retratos, marcas, iconos… transmiten la espontaneidad con la que este movimiento se elevó y erigió durante varias décadas del siglo XX. Podemos decir, por tanto, que el pop art es el movimiento que mejor representa la apropiación de la imagen audiovisual de la cultura popular. La hace suya, le da su forma, le pone su etiqueta, y la lanza al público. La imagen aparece como territorio del deseo. El deseo es un movimiento metafísico, una acción volitiva hacia el objeto como ente de atracción. Merleau-Ponty sostenía que la tensión de erotismo y belleza son las raíces vitales de la percepción y de la representación, y describe al deseo como “arco intencional” que da a la experiencia su grado de vitalidad y fecundidad. Octavio Paz aborda el deseo como “la persecución de un objeto sin cesar fugitivo, sea un cuerpo, una idea o una idea hecha cuerpo”.
 
El deseo está profundamente relacionado con la naturaleza humana y Andy Warhol parece que jugó bien esa baza desde su The Factory.
Heidegger presenta la naturaleza del hombre como “ser proyectante a través de su constante desear”. En la ponencia “Los espacios del deseo”, Silvia Durán sintetiza así el deseo: “Es la fuerza de la acción. Su espacio natural es la imaginación y muestra a un ser humano proyectante, libre, trasgresor y creador que busca recuperar en la vida su recuerdo primigenio, la plenitud, el placer y la felicidad; todo ello consecuencia de su condición”.
 
La industria cultural genera todas las herramientas posibles para que la sociedad de consumo funcione a toda velocidad y desee todo lo que genere. El pop art se encargó bien de acoger entre sus iconos artísticos de marcas representativas de una cultura nacional con  una intención de extender ese dominio como elemento básico y necesario para la vida diaria de los ciudadanos.
 
Por primera vez, de una manera seriada e industrializada, el arte y la publicidad confluyen en la mercantilización uniendo las dimensiones de los bienes de consumo y del mercado del arte. Si bien la publicidad tiene al consumo como razón existencial, el arte incrementa actualmente su componente mercantil.
La contraposición entre objeto de uso y objeto de contemplación se desvanece con el pop art. Mientras el objeto de arte se convierte en mercancía, en los productos de diseño se rescatan ciertos valores y calidades que antes se reservaban al mundo de la creación artística, como vemos con la famosa lata de sopa Campbell. La obra de arte es un objeto –mercancía útil y reproducible, y el objeto de consumo, un artefacto de valor simbólico.
 
En la sociedad de consumo, la imagen publicitaria se asocia a la difusión y control, y en el arte es cada vez más frecuente el uso de la imagen como medio, además de conocimiento, motivación, estimulación, y difusión. Arte y publicidad se comportan como generadores de significados, donde lo real y lo simbólico se mezclan y se diluyen en lo cotidiano, impulsando la estetización de la vida diaria.
 
El arte a partir de todo el grupo de artistas pop no responde ya al concepto tradicional de forma artística conocido hasta ahora. Es claro que la situación apunta hacia un cambio de paradigma. El objeto de arte se desmaterializa y amplía su función no reducida a su componente estético. Hoy, al hablar de arte, hay que convocar a la cultura visual, y no se puede habar de ésta si no es por medio de la significación de la imagen en la representación.
 
El pop art a través de la serialización en busca de estrategias promocionales e industriales se convierte en el principio de un todo del que hoy somos testigos. Vida y arte se confunden cuando esa realidad, percepción cultural del mundo, es dirigida por los mecanismos visuales de producción de imágenes. Estos crean significados y valores en la construcción de la realidad experimentada, predominando la experiencia estética.
 
Sin duda alguna el pop art abre un antes y un después en la forma de entender el mundo. Rompe de tal manera las barreras entre arte y mercado, fusiona las artes en su totalidad llamando a la creatividad de los sentidos y a la recreación del espectáculo en la propia vida cotidiana ,que todavía hoy día vivimos y asimilamos parte de ese amplio legado que nos dejaron sus artistas.
 
Consuelo Ciscar Casabán
Directora del IVAM
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

  

Participan en la Colección del IVAM

Richard Prince, John Baldessari, Alberto Greco, Richard Hamilton, Jaspers Johns, Robert Rauschenberg, Cindy Sherman, James Rosenquist, Claes Oldenburg, Juan Genovés, Equipo Crónica, Equipo Realidad, Eduardo Arroyo, Joseph Renau, Antonio Saura y Juan Antonio Toledo.

 
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