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Cuna verde: no querer huir de lo que se vive

Cuna verde: no querer huir de lo que se vive

Cecilia Espinoza

Del 15 de Diciembre de 2016 al 25 de Enero de 2017 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

 
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Proyecto: El Arte rompe Fronteras.

Idea, Dirección y Curaduría: Blanca María Monzón

La producción de Cecilia Espinoza está presidida por una dialéctica que traduce desde su inicio, el deseo de poder expresar todas las creencias relacionadas con su identidad, del mismo modo que la ambivalencia que la caracteriza. Es decir, tanto lo positivo como lo negativo, lo implícito y lo explícito de parte de la cultura andina jujeña, con todo lo mítico que la rodea.
 
Porque es en el espacio de sus raíces - material con que trabaja- donde se hace presente, un considerable desfasaje entre la realidad de uno y la percepción del otro. La que nos transmite a través de la forma, el lenguaje del color viviente, el expresionismo gestual de su imagen, y el material elegido para representar su mundo.
 
Desde cuando era niña y pegaba sus dibujos en tergopol… y le incorporaba avioncitos, autitos y camiones, a la actualidad, con sus pesebres, sus mamitas, con el relato de El negrito del agua, La madre del agua, El Familiar…, los perros o Viborones que  se cobran sus víctimas cuando sucede un accidente trágico en las fábricas.
 
Es probable que estas historias tan profundamente arraigadas en el imaginario colectivo, contribuyan a que sus esculturas asuman la responsabilidad de ser profundamente existenciales. Porque en ellas, el sentimiento pugna por hacer reversible la oscuridad.
 
Desde la etapa de niña de su concurrencia a innumerables talleres, pasando por la época de la influencia de la televisión, con  los cortos de Caloi en su Tinta, a la etapa de inconformidad con el contexto artístico que la rodeaba, hubo todo un trabajo en parte visceral, y en parte intelectual dentro del proceso artístico de su obra. A  su falta de identificación con la iconografía andina, sobrevino la consciencia de que muchos de sus personajes se encontraban influenciados por su propia vida,  por lo tanto, eran parte ineludible de ese proceso.
 
Su estética remite todo el tiempo a los mitos y personajes de esas leyendas transmitidas oralmente de generación a generación, allá en el Valle de Calilegua: Su Calilegua. Y con su iconografía propia, la andina jujeña.
Cecilia Espinoza mantiene una cierta frescura en sus esculturas y pinturas, que han quedado ubicadas en un cruce en el que se juegan varios temas y puntos de vista, que aún se benefician con las clarificaciones introducidas por el discurso de la multiculturalidad. Esta frescura, en todo caso, viene de no querer huir de lo que vive, de lo que se escucha, de lo que se sabe y, por consiguiente de no tener problemas en mostrarnos las paradojas que se presentan al reconocer que esas cosas que sabemos, vivimos, escuchamos, nos vienen impuestas no solo por la cultura de origen, sino por las características del tiempo y el lugar en que nos toca vivir.
 
Y este recorte tiene que ver con la Natividad, con esa tradición de armar los pesebres todos los años, y mostrarlos desde antes de Navidad hasta el día de Reyes. Alude a siete años de trabajo ininterrumpidos. Pero es probable, que lo más relevante de su obra sea aquello remite a su concepción de lo que representa el Arte como  vivencia, todo lo que tiene de sanación y de posibilidad  catártica. Porque eso se hace cuando se cree en lo se hace, no sólo por bien propio, sino porque se cree que eso puede hacerle bien a los otros.
 
Blanca María Monzón

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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