buscar

Calle 25 y L, Vedado - La Habana [mapa]

Boxing citadino

Jesus Lara Sotelo

Del 17 de Mayo al 17 de Junio de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

imagenes
 
 
 

Inconformista, atrevido e irreverente, Lara atraviesa una vez mas su propia frontera de expresión al internarse en el mundo de los audiovisuales.

 

Su visión de un mundo en constante cambio, de realidades teñidas de engaños y fariseísmos, de egoísmos e individualidades brutales, se ve plasmada en una serie de cortometrajes donde la denuncia tácita se hace presente de manera inequívoca y clara.

 

La sociedad ha perdido el sendero inmersa en el materialismo y la superficialidad. El precio a pagar es alto, neurosis, psicosis, ataques de pánico, perdida de la identidad, insomnio, anorexia, bulimia, drogadicción y tantos otros males que afectan hoy a la humanidad que se encuentra indefensa ante el constante bombardeo visual y psicológico a la que se ve sometida. Lara embiste con su fuerza esta realidad y la plasma, esta vez en una serie de cortometrajes que se expondrán en La Bienal de La Habana, y luego en Buenos Aires.

 

¿Que motiva a este creador incansable a desnudar sin miedo las miserias humanas? El mismo lo explica en este texto, que por su contundencia, nos deja un sabor de ansiedad y temor ante un mundo que ha perdido el sendero de la inocencia.

TEXTO DEL ARTISTA

 

Evangelios de los censores

…Corrían los días últimos del mes de febrero de 2010 y alguien en cuyo espíritu y criterio bullían los torrentes del sobresalto, de la meditación serena e incisiva, paradójicamente se despertaban las claras evidencias de un despertar, de una verdad desgarradora e imprescindible, una aptitud que exigía de todo el valor y que solo puede renacer de la fe forjada en la prueba, en la aflicción, y de haber comprendido que el temor a la muerte es un obstáculo, así como las fronteras, los nacionalismos, las religiones conspiradoras, sectas elitistas y la política rapaz.

Por qué no acabamos de comprender de una buena vez, como humanidad, que en el hombre mismo está ausente el anhelo sincero y perdurable de paz, solo existen armisticios, aun cuando exista cierto amor por la justicia, por la igualdad y hombres que sinceramente la ansían y luchan, son estos silenciados por dinero, omisión o por el homicidio. Porque luego de probar los traicioneros néctares del poder, y experimentar desde los huesos el orgullo que es encumbrado por cada excusa, que refuerza el enfermo derecho de creer que se puede convertir la fuerza, la cultura del terror, la desinformación en persuasión, doctrinas e ideales… y así la ceguera, la soberbia se ceba de un opio y una obsesión de controlarlo todo y a todos.

La presunción ha tomado posesión del juicio, y ha dimitido de la dialéctica necesidad de transigir, de convertirse en estadista y no en sabio sangrante. En la decadencia se inspiran tolerancias, nada importa más que centralizar el dominio. Hay que prohibir cualquier vestigio de pensamiento distinto al mediocre, en el que se sumen las masas, esto significa que el individuo no existe, y por ende las masas tampoco.

Las masas o más bien producen y resisten o se les priva de aquello mismo que producen, o se les reprime y explota, cada vez más frecuentemente se alternan todas estas vertientes del espejismo mediático, donde van a verse los ilusos. Todo no se puede controlar sin que el descontrol alcance primero la ilusión todopoderosa. Siempre se es víctima del temor y el fracaso cuando sin creer en lo divino, jugamos ser Dios. Por temor, antes que crecer; se ultraja, se mata.

A tal nivel se extiende el poder, que las obras del espíritu, el arte, su fruto deben ser calificados y aderezados con el acido de las ideologías oportunistas, de sus intereses, así se emponderan las castas dominantes y así manipulan a los que ansían la orden, y que otros vivan sus vidas por ellos mismos, como si no fueran autores de su propia existencia.

Solo cuando se toca fondo en la economía es que la conciencia social es sacudida, pero solo por la supresión de un estilo de vida extravagante, ostentoso, estéril, que nos extravía día a día, haciéndonos adictos de la creencia ilusoria de libertad e independencia, sometiéndolos a una nulidad de discernimiento, aptos solo para la servidumbre y la ordenanza, luego de restablecerse la economía, es decir, aclaro; las riquezas alcanzadas por el exterminio, el saqueo de pueblos y culturas enteras, entonces aquella conciencia removida, azotada por el déficit del consumismo, retorna a su indigencia anterior llena de anhelos, de júbilo y autocomplacencia.

Estos tiempos dejan en claro la inequívoca necesidad de una conciencia de cambio inminente, repensar la historia de la sociedad, que intente trascender la colosal enajenación en la que han y nos hemos sumergido como humanidad, en la indolencia de los hombres tanto los ricos como los pobres. Espanta concluir que hemos llegado hasta aquí, y una vez recuperados continuaremos en desenfreno, en pos de otra gran utopía.

¿En que nos hemos convertido los seres humanos, la sociedad, los gobiernos? Hay que intentar retornar, no hay más ni mejor salida que evitar los atajos, las medidas parciales, la conveniencia de alargar los plazos. Todo tiene una fecha de caducidad. Hay que darse vuelta, poner las dos mejillas que hoy no hacen una. No debemos esperar por un ingenuo-pícaro retorno a la inocencia, pues esa ya la perdimos, no nos corresponde ya, a tanta cultura de crimen, injusticia e impunidad. No le es lícita hablar de inocencia ni altruismo, sino más bien, de asumir transigiendo lo que por derecho propio es de todos. En aquellas verdades, que en primera instancia laceran nuestra egolatría, y nuestra adicción al poder, al sometimiento que opera desde la sutileza del benefactor hasta el más grosero acto de represión de los derechos legítimos a vivir y hacerlo con dignidad y autonomía.

Comentaba que el correr de los días, de los años, a través de la experiencia dan la perspicacia precisa para hacer uso de su albedrío. Aquel hombre, como a todos, le llego la hora de definirse, de levantarse del cojín de la abstención. Todo ultimátum entraña renuncias. Cuestionar la censura traerá represión, castigo, persecución. Pensar distinto, a pesar de la coherencia y contundencia del argumento, que en sí encierra hacer tal ejercicio, abrirá heridas, despertará envidias, injurias, toda cuanta baja pasión exista.

Hablo como debo y no como quieren… una vez conocí la muerte, comprendí, entonces y sólo entonces, que es ser quien se es y que es no ser aquello que desesperadamente quieren que seamos, fui aquel que dijo y sostiene; “no creo en las jurisdicciones del sueño, en agendas apretadas, en la utopía, en la parálisis ni en el silencio, ni en el encantamiento del cumbres vacías. Creo en la indignación pacifica, en el cambio de conciencia, en el desafío definitivo, en la ascensión a las altas cúspides de la espiritualidad.
 

©Jesús Lara Sotelo
Abril 2012

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus