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Álbun de Familia. Colección de ausencias

Cristina Ferreras

Del 21 de Marzo al 27 de Abril de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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“Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo”.

Susan Sontag

 

 

¿Qué vemos en  estos  retratos  antiguos,  en  estas  fotos  familiares,  en  sus  duplicaciones intervenidas?  ¿De qué nos hablan estas historias que intentan conectar una foto con otra, una foto con un relato?
En principio  vemos presencias que nos miran,  pero evocando una ausencia. Es que estos rostros, estas figuras, son la presencia virtual de un cuerpo que no está. Ellos están en lugar de otra cosa como signos de una ausencia.

 

¿Acaso no es eso lo que nos muestra siempre toda fotografía, o mejor dicho, toda imagen? Ellas son copias de algo inevitablemente perdido. Y es la pérdida lo que aquí nos convoca. Esos rostros que nos miran a través de una fotografía, o de su reproducción intervenida, son la huella de alguien que estuvo ahí, mirando. El fragmento capturado de un cuerpo que posó para una cámara fotográfica, para un ojo que miraba y seccionaba, registrándolo para siempre. Un cuerpo que ya no está, un tiempo que ya pasó.

 

La foto, al capturar la presencia de un cuerpo separándolo de su continuidad natural, también intenta capturar al tiempo. Su disolución y su consecuente olvido.
Las fotos son el recuerdo, el registro, la prueba de alguien o de algo que estuvo.

 

Y así se muestran aquí, como presencias fantasmales, equívocas. Presencias de una ausencia inevitable.

 

Cristina Ferreras redobla la apuesta. Sus retratos, sus fotos, son antiguas. Pertenecen a otra época. Hay una pérdida por partida doble. Junto a la ausencia del cuerpo está el registro de un tiempo que ya no está, con sus costumbres, sus trajes, sus peinados, sus gestos. Son un documento de época.

 

Entonces resignifica la pérdida. Y otra vez nos habla del tiempo.
Como documento, a cada retrato le corresponde un número,  un nombre y - en el mejor de los casos- una historia. Se identifica cada rostro, cada cuerpo, intentando salvarlos del olvido. Cada uno de estos modos en que Cristina los nombra son intentos de cernir su presencia. Ahuyentar su ausencia.

 

El número es la manera más neutra, mínima, de ser nombrado. Nos remite  al archivo de existencias,  a la serie. Un número  en la sucesión infinita  - uno más-  y se sigue contando
¿Alguien habrá sido el primero, alguno será el último? Eso ya no pertenece al tiempo. Entonces, tampoco al recuerdo.

 

El nombre, en cambio, es otra forma de acompañar el retrato. La letra y la figura se superponen fijando una identidad posible.
Las historias contextúan, son las referencias más completas. Son narraciones de vida, cuentos, el modo más certero de convocar al recuerdo, de cubrir el olvido. Ellas dan sentido a estos rostros,   estas miradas,   estas poses. Los ubican  en el tiempo.  Interpretan  lo que vemos construyendo relatos que conjuran la ausencia intentando fijar algo: exorcizar al tiempo.

 

Modos del recuerdo que serán modos del olvido.

 

Débora Mauas
Critica de arte

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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