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Osvaldo Decastelli


Argentina
Escultura Artista Visual.

Nace en Buenos Aires. Se gradúa en artes visuales. En 1985, adopta como material al cartón corrugado. Desde 1992 trabaja alternativamente en escultura, objetos e instalaciones, a partir de 1999 incorpora arte digital a su lenguaje plástico. 
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Osvaldo Decastelli

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De sus exposiciones se destacan

 

INDIVIDUALES1990-1993 Centro Cultural Recoleta - Secretaria de Cult. de Bs. As. - 1994 Xunta de Galicia - Madrid, España - 1995 Salas Nacionales de Cultura Bs. As. - Villa Victoria, Mar del Plata – Museo Municipal de escultura Luis Perlotti - 1996 Museo de B. Artes, Salta - Galería Atica, Bs.As. - 1998 Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – 2001 Galería Atica Bs. As. – 2009 Galería Arte X Arte, Bs.As. Fundación Alfonso y Luz Castillo.

 

COLECTIVAS1991 Escultura Argentina del Siglo XX Salas Nac. de Cult. – 1996 Museo Colección de la Comisión Nacional de Energía Atómica – 1997 Calzar el Arte Galería Art House – 1998 Rostro de la máscara en la Argentina, Museo I. Fernández Blanco -  Libros de Artista Museo Munic. de Bellas Artes Juan B. Castagnino –Santa Fé – Muestralacartera Espacio Giesso – 2002 Las camitas, Centro Cultural Recoleta – 2003 El juguete, Centro Cultural Borges – Premios Fundación Bco. Ciudad  a las artes, Museo Nac. de Bellas Artes – 2012 Visibilidad de lo Invisible Galería Arte X Arte, Bs.As. Fundación Alfonso y Luz Castillo.

 

 

ARQUITECTURA diseños de viviendas unifamiliares 1990 Tortuguitas, Provincia de Buenos Aires – 1998 Ciudad de Buenos Aires

 

BIBLIOGRAFIALibro Osvaldo Decastelli presentado en Fundación PROA. Textos Mercedes Casanegra, María José Herrera. Edición María Torres. Fotos Gustavo Lowry. Diseño Alejandro Ros. Editorial Papers.

 

HAN ESCRITO SOBRE SU OBRA LOS CRITICOSRodrigo Alonso – Silvia de Ambrosini – Luis Aubele – Pablo Baler – Miguel Briante – Mercedes Casanegra – Alfredo Cernadas Quesada – Albino Dieguez Videla – Laura Feinsilber – Susanne Franz – Aldo Galli –– Sofía González Bonorino – Eva Grinstein – María José Herrera – Fabián Lebenglik – Elba Pérez – Judith Robles Urquiza – Corine Sacca Abadi – Julio Sánchez – Maria Constanza Sanz Palacios – Victoria Verlichak – Isabel López Perucha (Madrid-España) – Albino Mallo (Galicia-España) 

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Antología sumaria

Los contenidos fueron tomados del libro Osvaldo Decastelli -2011- Papers ediciones

Esta breve selección busca rescatar aquellas miradas críticas que con su estímulo y lucidez acompañaron y contribuyeron a construir el rumbo artístico de Decastelli. En ese sentido, resultan insoslayables los textos de Silvia de Ambrosini por su carácter señero y anticipatorio del desarrollo ulterior de su obra. De las muchas reseñas que tuvieron sus muestras de la década de 1990 destacamos las de Fabián Lebenglik y Corinne Sacca-Abadi. Julio Sánchez prologó la presentación de su obra en Madrid en 1994 y Rodrigo Alonso lo acompañó en las etapas más recientes, en las que incorporó el arte digital. En todos los casos transcribimos literalmente los documentos. Los errores tipográficos de las publicaciones originales han sido corregidos a los efectos de facilitar la lectura y respetar las intenciones del autor . M.T.


Decastelli tras cartón [Miguel Briante] (1990)
Página/12, Buenos Aires, 7 de agosto de 1990. S/f, atribuido a Briante por O. Decastelli.


La figuración y el corrugado se llama la muestra que Osvaldo Decastelli presenta en la sala 10 del Centro Cultural Recoleta. El título irónico es también técnico, ya que Decastelli realiza sus figuras espaciales con cartón corrugado, poniendo en juego el peso aparente de las figuras humanas que coloca en diversas posiciones –en una especie de cámara negra, que fija la luz sobre ellas–, con su verdadero peso, íntimo. Una ironía de dibujante anima estas figuras, que se imponen al espectador con una leve carga de angustia, pero también de juego.

 

Sobresalen las obras de Osvaldo Decastelli en cartón corrugado Por Laura Feinsilber (1990)
Ámbito financiero, Buenos Aires, 16 de agosto de 1990

Cuando se piensa en cartón corrugado la imagen son cajas con solapas para embalar, o simplemente como protección en la que se inscribe la palabra frágil. Sin embargo en las manos de Osvaldo Decastelli este material se dignifica al estructurar una propuesta de valorización de la forma, insertándola en el espacio con sensibilidad armónica. Corta planchas, las pega, cobrando así volumen, desbasta, rasga, provoca juego de luces y sombras. Hay una constante descomposición de la figura volviéndola dinámica.

En algunas obras ha sabido dosificar el color lo que quiebra la posible monotonía cromática del material y también extraer impensadas posibilidades expresivas. La instalación general del conjunto ha sido realizada con jerarquía y puede visitarse hasta el 20 de agosto en el Centro Cultural recoleta.



Osvaldo Decastelli. El cartón corrugado: otro posible del arteSilvia de Ambrosini (1993)
Artinf, Buenos Aires, año 17, nº 85, agosto de 1993. Publicado bajo el título “Decastelli no es cartón pintado” en Página/12, Buenos Aires, 12 de octubre de 1993.

Osvaldo Decastelli se compromete con una reflexión prospectiva que apuesta al objeto y al material, testimonios ambos de formalizaciones y esencias con atributos que suscitan confrontaciones estéticas. Son “objetos clave” que operan transformaciones profundas en la superposición de sus láminas constituyentes. El protagonista se llama y es “cartón corrugado”. El acoplamiento de sus capas sucesivas refuerza el simulacro de un significado formal, porque modifica lo frágil en resistente, lo liviano en pesado, lo liso en rugoso. ¿Cómo se operan los cambios que rompen las ondas, obliteran los huecos y transforman la memoria de lo que fue en una nueva entidad? En la investigación que demanda la textura del cartón y el manipuleo de sus planchas a las que Decastelli enfrenta con el misterio de los actos creativos, y con la instrumentación de lijas y trinchetas, que introduce para develarlos. Hacia adentro, las rebabas denotan un material en vivo y hacia afuera connotan una imagen surgente que tiende a parecerse a un algo, sin parecerse del todo. Es una imagen que superando su paso fabril recupera la identidad del tronco, de la madera. El volumen se convierte en un gran nudo vegetal o en liviana carga que conducen ruedas de direcciones encontradas. El tamaño de las dimensiones reales también se contradice, lo grande se da en lo mínimo, lo pequeño en lo monumental, donde la imaginación juega con globos, tijeras, palacuchillos y tirabuzones todos de ficción. Son objetos sin otra utilidad que la de cumplir una función estética en escala mayor y menor cuando sus artilugios son, por ejemplo, cajas de sorpresas donde figuraciones violetas, azules y rojizas encuentran su palabra, junto a la ponderabilidad de ese personaje que es y está en la virtud corrugada de su presencia. (En el hall del Centro Cultural Recoleta, hasta fin de mes).


Osvaldo Decastelli. Esculturas objeto en cartón corrugado 1985/1994 Julio Sánchez (1994)
Madrid, Xunta de Galicia, 1994.

Lograr la cuadratura del círculo ha sido uno de los desvelos místicos de los adeptos del conocimiento esotérico. Las obras de Osvaldo Decastelli parecen girar en torno a otra paradoja de la geometría: la planitud del volumen. El plano es una construcción mental que no se verifica en la realidad; aun la hoja de papel más delgada posee una tercera dimensión de la que carece el plano geométrico. El cartón corrugado es plano por excelencia, ni siquiera admite la curva, ya que el solo intento de doblarlo genera dos diagonales rectas. A pesar de las tribulaciones de la geometría, Decastelli logra a partir del cartón un trabajo volumétrico con el plano, como si hubiera logrado la cuadratura del círculo.
Los hallazgos del artista también fueron técnicos e iconográficos. Trabajar el volumen del cartón corrugado fue una exploración de la mecánica articulatoria del cuerpo humano. El hombre se convirtió, por virtud de un Decastelli-Gepetto, en un Pinocchio de cartón.
Decastelli descubrió que el hombre, como un objeto mecánico, se podía reducir a un sistema modular para armar a voluntad y, con algo de conmiseración, dejó al hombre y comenzó a inventar objetos. De la geometría pasó a la mecánica creando instrumentos de uso incierto, contubernios de palas y cuchillos que traicionaban su identidad primigenia. Sin resignarse a dejar atrás la vida, Decastelli incorpora formas orgánicas, caprichos esféricos que espantarían a los geómetras más puristas. En las últimas obras hay un proceso de recuperación de algo que se había resignado, el color . El artista comienza a elaborar obras menos monumentales que al ser policromadas adquieren un carácter más gentil. Pero también se recupera lo que parecía olvidado: la “función social” del cartón. Uno de los principales usos del corrugado es la caja, que en las manos de Decastelli se transforma en raros estuches, como de lapiceras, cuchillos o violines, que encierran objetos muy poco previsibles. El artista ensancha cada vez más las fronteras de su universo de cartón. El corrugado ya no está solo, en las cajas-estuche lo acompañan sutilmente porotos blancos y arenas doradas. En las últimas series, la incorporación de la fotocopia en la obra es como la adquisición de un aleph borgiano que le abre puertas infinitas.
Sin estremecerse por los problemas contemplativos de la geometría sagrada, Decastelli explora desde lo lúdico, y hasta desde la ironía, la riqueza de un material ennoblecido por el arte, el cartón. No solo acepta todos los desafíos que le ofrece el material, sino que el mismo artista es quien comienza a trazar sendas nunca transitadas en el territorio de la celulosa.


Decastelli. La materia y las obsesiones de la artisticidad que le dan vida Silvia de Ambrosini (1995)
Decastelli. Inventario de imaginantes. 1985-1995, Buenos Aires, Salas Nacionales de Cultura, 1995.

Sin antagonismos, una vez más el protagonista es el cartón corrugado. Un material que no niega su origen ante elocuentes objetos y animadas presencias que con-forma Decastelli. Un material que tampoco se desdice ni cuando acopla sus pliegues para solidificar el espesor de dobles alisadas superficies, ni cuando descarna para multiplicar los repliegues. Todos son actos del idear lo abstracto y figurante que muestra y demuestra lo interno y lo aparencial.
Algo más de una década constituye la historia del artista en ricas experiencias técnico-formal-conceptual. Así nacen Objetos, Retratos, Figuras. Así por conjunción, adición, extracción van surgiendo parecidas alusiones a una figuración de cosas, de visiones, de personajes sin bautismo, con la sola virtud de una materia que permanece reconocible en las diversas transformaciones que opera el artista a partir de un origen y tránsito fabril. A veces vuelve en imagen, tal vez por nostalgias, a su cuna vegetal, otras, para re-crear algunas de tantas formalizaciones que le imprime Decastelli: un inventario de imaginantes sin “telos” representativos, sin fines verosímiles, como señalé en 1993.
El color encuentra el vocablo justo, la carta de ciudadanía para un personaje, que aspira a la inmortalidad, o para otro que se compacta en el perfil de una Mulata, del presente o para un Hombre de barrio acromático, del pasado.
De pronto otros seres desperezan sus articulaciones y acomodan cinco secciones plásticas en actitudes masculinas: Hombre II, Hombre III o en posturas femeninas: Mujer I, 3 enanas 3, encontrando todos ellos, la mejor de sus posturas para expresarse y eventualmente iniciar un diálogo Implícitos están los útiles, las herramientas y el Más: la personificación del instrumento, “mano del artista” que concreta idea y acción. Recorriendo la circunvalación de un núcleo central que Decastelli armó como montaje, encontramos diferentes nichos que cobijan otras nstancias de la creación: “Extrañas Maquinarias” que emblematizan el espanto; “Páginas de Artistas” que, como antífrasis, acompañan la marcha del espectador , brindando un elocuente paisaje que asoma ateralmente atravesando un plano; o el “ethos” de una visión oriental en rontal planitud. En otras ventanitas objetos transformados en “ob-jetum” porque son para un espectador cognoscente.
Los nuevos, los “Zoomorfos”, alinean sus presencias rodeando una jaula central, que alude a un destino inapelable… Las suyas son presencias que hablan de atributos propios, reconocibles, la sofisticación de una Fidelidad manifiesta en un negruzco manchado; la cándida Imploración de un azul animalesco; la Vibración de un fuego dentado; la alusión a la Propagación de los seres en un ocre acalorado; o la resignada sobriedad de geometrías en zigzag y gesto petrificado de eremita taciturno. Mientras otras virtudes hablan del celo y ardores que renuevan Energías Vitales en el blanco o esconden su Pasión con una caparazón acromática.
Otras presencias menos policromadas albergan la fundante humildad de un material susceptible que admite las caricias de la arpillera o la acción del artista que ahueca lugares, que viola una interioridad sin mancha, porque la materia es ponderable y los gestos del arte resguardan una monumentalidad que adjunta lo escultórico, constructivo y pictórico, por estratificación de estructuras, por vibración textural, por visibilidad coloreada, en acuerdo con a temperatura estética de Decastelli, que no esconde jamás la ponderabilidad de la materia-alma.


Osvaldo Decastelli. Esculturas tras cartón Fabián Lebenglik (1995)
Página/12, Buenos Aires, 25 de abril de 1995.

Un escultor que utiliza como material para sus obras el cartón corrugado iguala este material con los conocidos como “nobles”. A través de un montaje escenográfico, que responde a la teatralidad de sus obras, Osvaldo Decastelli exhibe una década de trabajo.
En las Salas Nacionales de Cultura, el escultor Osvaldo Decastelli está exhibiendo la muestra Inventario de imágenes 1985-1995, en la que muestra sus obras de cartón. Decastelli nació en Buenos Aires en 1941, estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y recibió una beca de especialización de la UNESCO. Como él mismo cuenta, desde sus comienzos compartió la actividad escultórica con la docencia, que ejerció en distintas instituciones y talleres hasta 1979, cuando comenzó a trabajar solamente en su estudio. Desde 1985 adoptó el cartón corrugado para realizar su obra, pero no como material de desecho sino como materia prima, tan útil y funcional como cualquiera de los materiales tenidos por “nobles”, como la madera o el mármol.
Esta muestra antológica es su décima exposición individual. Como explica la crítica Silvia de Ambrosini en el catálogo, “algo más de una década constituye la historia del artista en rica experiencia técnico-formal- conceptual. Así nacen objetos, retratos, figuras. Así, por conjunción, adición, extracción, van surgiendo parecidas alusiones a una figuración de cosas, de visiones, de personajes sin bautismo, con la sola virtud de una materia que permanece reconocible en las diversas transformaciones que opera el artista a partir de un origen y un tránsito fabril. A veces vuelve en imagen, tal vez por nostalgia, a su cuna vegetal, otras, para recrear algunas de tantas formalizaciones que le imprime Decastelli: un inventario de imaginantes sin fines verosímiles”.
La obra del escultor tiene una fuerte resonancia escenográfica. En este sentido resulta acertado el montaje en la planta alta del Palais de Glace, donde Decastelli establece una circulación con tabiques en redondo, un recorrido cronológico, casi teatral, en el que su obra se va descubriendo con el espacio y la iluminación adecuados.
Tanto las obras antropomórficas (las del comienzo) como la instalación de piezas zoomórficas (las últimas de la década exhibida) establecen una marcada teatralidad en la que el cartón es el tema. En ellas funciona, desde el punto de vista de la percepción, un componente de sorpresa y destreza, que lentamente se esfuma. Podría decirse que más allá de lo atractivo, los períodos mencionados son artísticamente los menos interesantes. En cambio, los objetos que evocan elementos cotidianos a escala gigantesca y otras esculturas de ese período –que el artista realizó entre 1991 y 1993– son lo mejor de la muestra. Allí el cartón deja de ser protagonista –aunque esté trabajado con maestría– para producir un efecto poético fuerte. En estas obras la transformación del material es completa y perfecta, y por eso pasa a segundo plano: ya no es cuestión solo de habilidad, de ideas, o materiales, sino de talento. (Posadas 1725, hasta el 30 de abril).


De lo simple, la fantasía Luis Aubele (1995)
La Nación, Buenos Aires, 24 de abril de 1995.

Descubrimiento: el común cartón corrugado da vuelo a la creatividad de un escultor y es eje de una interesante muestra.
“Mi encuentro con el cartón corrugado fue una experiencia curiosa. De pronto, reparé en un material novedoso pero que al mismo tiempo estaba en todas partes, en envases o bien amontonado en sótanos e incineradores”, recuerda Osvaldo Decastelli, que expone hasta el domingo esculturas en este material en las Salas Nacionales de Cultura, Posadas 1725. Decastelli estudió en las escuelas Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, de donde egresó con un concepto muy tradicional de la escultura: “Tuve maestros notables, como Luis Balduzzi, al que dedico la muestra. Sin embargo, pronto sentí la necesidad de buscar un tipo de imágenes que fuese menos solemne, para que pudieran estar más cerca del gran público”.
En sus investigaciones, el autor descubrió que la transformación debía comenzar con un cambio en la elección de los materiales y así apareció el cartón corrugado.
Decastelli lo utiliza pegando placas con cola vinílica hasta obtener panes con mucho volumen. “Como se trataba de algo totalmente inédito, uno de los primeros problemas fue encontrar las herramientas adecuadas. El cartón corrugado tiene consistencia pero no es rígido. Actualmente trabajo con una fresadora, trinchetas y cuters afilados.”
Abrir los ojos
Inventario de imaginantes, título de la muestra, se desarrolla sobre una superficie de mil metros cuadrados y se divide en dos grandes capítulos: un recorrido que cubre la década a partir de 1985, donde el autor va mostrando las distintas etapas de su encuentro, descubrimiento y análisis de posibilidades, para culminar en una serie de ensambles en las que el cartón se integra con otros elementos como alambre, cartapesta y otros.
Luego se puede ver Estigma, una instalación donde el material es utilizado para desarrollar el tema de la pérdida de la libertad. En un gran círculo, cuyo centro es ocupado por una enorme jaula, dialogan ejemplares de una fauna extraña. Son siluetas de cartón hechas a la manera de un zoológico agrandado de jardín de infantes. La primera obra del recorrido se titula Hombre de barrio y fue realizada en 1985. La siguen cuatro imágenes pensadas a partir de un enorme rompecabezas. El autor construyó una figura humana, la cortó en cuatro partes y luego fue componiendo siluetas.
En una tercera etapa, el autor explora mecanismos abstractos, raros múltiples (uno de ellos de casi cuatro metros de alto) y cajas de donde tratan de emerger seres cromáticos.
“A medida que investigaba fui descubriendo texturas escondidas que se revelaban con solo rasgar la superficie del papel. O bien la reacción del cartón cuando le aplicaba tintas y esmaltes. Algunas de las obras luego fueron pasadas al metal y a la resina sintética”.
La muestra es algo más que la demostración de las posibilidades plásticas del material. En lo profundo subyace una invitación a cuidar el medio ambiente. Como no hay más lugar para enterrar basura reutilicemos los desperdicios al máximo posible, se lee en un folleto editado en papel reciclado que se entrega a cada visitante.


Lo perdurable y lo efímero Elba Pérez (1996)
Télam, Buenos Aires, 12 de agosto de 1996.

El arte contemporáneo descree de las categorizaciones clásicas y desdeña la diferencia entre materias nobles y materiales vulgares. A partir de estas propuestas Osvaldo Decastelli ofrece su muestra de libros y objetos realizados en cartón corrugado en Galería Ática, Libertad 1240.
Decastelli trabaja las placas de cartón como tablones aptos para el corte y la talla. Sus obras oscilan entre el objeto y la escultura, aprovechando la estructura interna del material empleado. Sus libros no contienen un texto narrativo y su discurso está implícito en la sugerencia de la resolución plástica. Esta función cumple Penitencial, técnica mixta, 16 x 10 x 7 cm. Los clavos que sustituyen la tipografía simbolizan el carácter de la obra reforzado por las huellas –las heridas– provocadas en las páginas de este libro singular.
Decastelli recobra el valor del juego y subraya la posibilidad de niños y artistas para “abrir , cerrar , descubrir y entrar en otros mundos”. Pero estas metamorfosis pueden cargarse de contenidos reflexivos, evocaciones y anticipaciones líricas.
Paisaje primario (29 x 42 x 4 cm, técnica mixta) se organiza entre la evocación humorística de la infancia y las exigencias del diseño contemporáneo. La inclusión de lápices y elementos de geometría recuerda la obra de Oscar Serra, un argentino de larga permanencia en Madrid (España). Otras destrezas conforman Existencia orgánica, cartón corrugado, 29 x 44 x 16 cm. Con real maestría técnica Decastelli da progresión al volumen cortado, sucesivamente, en varias capas que permiten experimentar entre la forma plena y el vacuo (vacío) propio del bajorrelieve escultórico.
El montaje de la muestra corresponde a la propuesta estética del artista. Las salas de Ática fueron transformadas [hasta] el 31 de agosto –fecha de clausura de la muestra– en un recinto cerrado donde las obras de Osvaldo Decastelli se destacan gracias a la inteligente iluminación dispuesta. Decastelli usa el cartón corrugado sin la carga sentimental del “arte povera” de la década del 50. Es ajeno también al expresionismo informalista: él propone indagar las condiciones plásticas de los materiales usuales, efímeros, sin abandonar la elocuencia de las formas ideales que otrora se realizaron en materiales perdurables como la madera o la piedra.
Acepta que forma y materia están cuestionadas en este ?n de milenio. Pero no se abandona a la estética light ni al nihilismo del “todo vale” que Enrique Santos Discépolo llamó estética “de la Biblia junto al calefón”. Sin levantar la voz, sin aventar las vanguardias, Osvaldo Decastelli propone conciliar los valores plásticos y la dicción contemporánea en obras que apelan a la comprensión del público de hoy. Eterno y efímero, clásico y contemporáneo, parecen ser las consignas en las que se encuadra su obra.


Estigma y dilema. Decastelli en el Museo Sívori Corinne Sacca-Abadi (1998)
ACI (Arte, Crítica, Investigación), Buenos Aires, Asociación Argentina deCríticos de Arte (AACA), nº 2, 1998.

Estigma, según el diccionario, es una marca o señal en el cuerpo impuesta con hierro candente usada como signo de esclavitud. Estigma es también el nombre de la nueva instalación de Osvaldo Decastelli en la que plantea el dilema del hombre contemporáneo frente a una sociedad que demanda la homogenización del individuo, el borramiento de las diferencias, su domesticación. Artista de sólida trayectoria, Decastelli ha sabido elevar el cartón corrugado al lugar del más noble de los materiales escultóricos obteniendo insólitos resultados. En obras anteriores el juego de metamorfosis de los objetos convertía los elementos banales de la vida cotidiana en extraordinarios personajes desplegando un humor desenfadado y lúdico. Hoy realiza una síntesis que requiere mayor austeridad de recursos para privilegiar la presentación de un dilema. O.D. expone 13 animales fantásticos que remiten a nuestras más variadas actitudes sociales, a las que opone un contrapunto de igual cantidad de elementos rectangulares semejantes a lápidas realizadas también en cartón corrugado, que tienen grabado el número en letras de molde. Estos elementos inquietantes estratégicamente emplazados en el jardín del Museo Sívori acechan a los animales desde el afuera, y quiebran cualquier ilusión de libre albedrío. ¿Quiénes sobrevivirán en esta lucha entre la humanidad “animalizada” en permanente riesgo (y deseo) de domesticación y el enemigo numeral? En el video que presenta el artista se juegan varias alternativas posibles, por cierto, poco optimistas; Decastelli ha puesto el énfasis en presentimientos inquietantes sobre el futuro de nuestra humanidad. Como en Casa tomada, de Cortázar , a medida que se ocupan los espacios internos, se amalgaman el adentro y el afuera, se contamina la casa tornando inhabitable ese universo. Un sonido agitado acompaña la instalación de Decastelli, son ecos que reverberan, se resisten a la domesticación. El conflicto está planteado, la partida la jugamos todos diariamente, nadie escapa al dilema.


La amenaza, el riesgo, la seguridad Rodrigo Alonso (2009)
Osvaldo Decastelli. Malas hierbas. Copia de seguridad, Buenos Aires, Arte x Arte, 2009.

Desde hace dos décadas, Osvaldo Decastelli trabaja con un material singular: el cartón. Si bien hoy éste posee unas connotaciones muy precisas, en las producciones del artista su sentido se expande para poner de manifiesto sus incontables posibilidades formales, conceptuales y estéticas. Fotografía y cartón son protagonistas de dos grandes instalaciones que reflexionan sobre el mundo contemporáneo. En la primera, Copia de seguridad, una misma imagen se reproduce con leves variaciones en un conjunto de planos suspendidos. La multiplicidad de las transcripciones hace inútil la pregunta por el original. Como sucede en muchos medios actuales –la fotografía, el video, lo digital–, estamos ante un universo de copias en el que ya no importa la imagen primigenia, nos enfrentamos a un bosque de simulacros que pone en cuestión la interrogación sobre el origen, la unicidad del producto germinal, el propio corazón del proceso creativo, y por tanto, la posibilidad de conservarlo inalterado.
Decastelli fuerza esos conceptos al trabajar con una figura insistente pero que se manifiesta siempre de manera distinta. Si en la fotografía, por ejemplo, las copias idénticas ya generan la duda sobre el original, aquí es evidente que no existe ninguno. Pero, paradójicamente, las variantes que introduce el artista durante el proceso de impresión transforman a cada plano en una pieza única, tornando las copias en verdaderos originales.
La segunda instalación, Mala hierba, se centra en lo aledaño, el riesgo potencial, lo indeseable. Aquí un volumen central se yergue ante el paso del espectador estableciendo un primer vínculo físico. A partir de allí se desarrolla una trama de superficies que son al mismo tiempo imágenes y barreras visuales, planos y signos espaciales. Como la maleza que crece indiscriminadamente al lado del camino, estos planos crean un entramado que desvía la mirada, la complica, la extravía, poniendo en entredicho el poder del centro y su capacidad para organizar la visión.
En alguna medida, ambas instalaciones plantean una serie de incertidumbres. Reflexionan sobre el lugar de la imagen en un mundo donde la multiplicidad las ha desgastado, exaltan su profusión, destacan su carácter perecedero. Las postulan amenazantes pero al mismo tiempo frágiles, como el soporte que las sostiene y que hoy nos recuerda también la fragilidad de la vida.


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  • Osvaldo Decastelli. Cartón visto por rayos X . Medidas variables. 2013.


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  • Osvaldo Decastelli. S.T. Cartón Corrugado Policromado.  Medidas 40 x 220 x 55 cm. año2011.


  • Osvaldo Decastelli- Malas hierbas


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Cartón Corrugado. Medidas variables, seg. Instalación. año 1999.


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Vibración Cartón Corrugado. Medidas 130 x 230 x 23 cm. año 2004.


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Cartón Corrugado y Madera. Medidas variables, seg. Instalación. año 2006.


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Cartón Corrugado. Medidas: 12 x 69 x 50 cm. año 2006.


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Cartón Corrugado Policromado. 12 piezas. Medidas: 9 x 85 x 18 cm. c


  • Osvaldo Decastelli. Paletas Cartón Corrugado.Medidas: 225 x 140 x 10 cm. año 2006.


  • Osvaldo Decastelli. S.T. Técnica Mixta. 10 piezas. Medidas: 60 x 60 x 10 cm. c


  • Osvaldo Decastelli. Cantar a libro abierto


  • Osvaldo Decastelli. S.T. de Inst. Estigma. Medidas: 157 x 119 x 21cm. año 1995.


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